Sobre la locura (I)
Hace poco, tuve la oportunidad de leer por ahí lo siguiente. Alguien expresaba lo primero que le venía a la mente al escuchar una palabra. En este caso la palabra era “locura“:
Manejar a las 8 am. en el D.F., saber que tus padres cojen y hasta tienen fantasías, soportar a un hato de maestros pendejos sobre todo de la secundaria, tirar sangre 8 dias por entre las piernas y no poder hacer muchas cosas debido a éso, vivir en una unidad habitacional que tiene nombres de heroes nacionales, tratar de grabarte que es “pi” para no usarlo nunca cuando despaches gasolina, masturbarte con sentimientos de culpa, que tu pinche familia insista en que eres pendejo por el hecho de no tener su “experiencia”…
Lo revelador es lo que está antes y después de ese texto. Cuando la palabra es “escritor“ contesta: Cioran
Bingo. La actitud sistemáticamente esperada. El escritor de la deseperación por excelencia. El enaltecedor del vacio. Y es que siempre me resultará extraño como la fascinación por el sinsentido de la vida. O dicho de otra forma, por la vacuidad de la existencia, puede al mismo tiempo ser generadora de tal carga y fuerza de sentido de la vida. De tal carga y hondura moral. De la insistencia tácita y secreta de que se tiene la razón (moral) a sabiendas de que no existe la última palabra en el sendero del propósito. De que el arma que podría arrojar luz sobre el inexistente propósito, se dispare al revés para cargar de un sentido crudo y mórbido a lo que no lo tiene. En el sentido de que… pues… nada lo tiene (en ninguna forma).
Vamos, la real y verdadera locura.
P.D: También puede ser que este diciendo puras estupideces.