El buen gusto
El buen gusto, como el tener la razón, es algo de lo que todos nos jactamos de poseer. O como diría Francis Bacon: No hay nada repartido de modo más equitativo[…]: todo el mundo está convencido de tener suficiente.

Por supuesto, me refiero a la real y sincera autodevoción nacida de la contemplación de nuestras propias preferencias, no al buen gusto de lo politicamente correcto.
¿Y cómo podríamos pensar otra cosa? ¡Vamos! ¡Por eso nos gusta lo que nos gusta! O más bien: porque nos gusta lo que nos gusta, nuestro gusto siempre es bueno para nosotros mismos. Y así como la razón, que pensamos tenerla porque pensamos lo que pensamos al considerarlo correcto, la creencia en el buen gusto personal es algo siempre presente. Lo que en realidad la convierte en una cualidad barata, universal y sin chiste. Pero, a diferencia de la creencia en tener la razón, resulta imposible tomar un marco de referencia, una medida. La razón se puede contrastar con la realidad. El gusto no (aunque existe el meme insensato de que sí se puede).
Cualquiera puede decir que su gusto es minimalista, o tal vez que le gustan las cosas complicadas. Que le gusta lo suave o lo grotesco. Quizá lo sencillo o profundo. Hay quien siente especial fascinación por lo superficial. Pero, ¿buen gusto?
“Buen gusto” es una frase que carece de significado para mí. Todo mundo está convencido de tenerlo, pero más vale para su reputación no decirlo.
P. D.: Por supuesto que no pensarás que el escritor de este post carece de gusto ¿o si? Lo que en realidad piensas es que este post no tiene significado para ti… Si. Eso debe ser.
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