Autoestima
¿En base a qué nos apreciamos a nosotros mismos? ¿En qué se mide? ¿Una autoestima sana refleja necesariamente la realidad? ¿Es una afirmación sobre la realidad? ¿Somos valiosos? ¿Pero por qué? Usualmente no somos los mejores en algo (para no decir prácticamente nunca). Nadie de nosotros es el más inteligente, ni el más guapo, el más carismático o el más simpático. No somos el más divertido, ni el que gana más. O el más sabio, el más paciente o más virtuoso. Ni siquiera estamos cerca de serlo. Los mejores a nosotros tampoco están muy lejos. Los vemos todos los días. Hay una reticencia a aceptarlo, pero nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. El tipo que te encuentras por la calle, en algún lugar. Siempre, todos los días. Cada uno de ellos, en algún aspecto, es mejor. Hecho que se cumple siempre y para siempre.

A sabiendas de que somos tan solo un pixel más en el inmenso tapiz de la existencia, de que somos una mota de polvo indistinguible de la nada. Un punto en una inmensa y oceánica mancha de tinta. De que en la gran mayoría de los casos nuestra existencia o falta de ella no cambia en lo absoluto la naturaleza de dicha mancha de la que formamos parte. Después de todo esto, que podemos ver y tocar todos los días. Que nos sacude los ojos y el entendimiento. Que destroza nuestras más ególatras fantasías. ¿Por qué insistimos en apreciarnos a nosotros mismos?
¿Somos únicos? Todo es único. Nada es igual. Eso no vuelve especial a nada. Y sin embargo, la autoestima nos vuelve creyentes de nuestra valía. De nuestra capacidad, de nuestras vulgares características que pensamos únicas. Nos hace sentir que somos algo.
¿Es la autoestima una afirmación? ¿Intenta describir algo? ¿O solo es una opinión emocional, irracional e injustificada? El valor de la autoestima es una emoción sobre la realidad y lo objetivo, pudiendo ser ella misma irracional y sin fundamento.
Nos gusta creer que tenemos algo que no tienen los demás, pero somos lo mismo. Y basamos nuestra opinión en el hecho de que no somos iguales a nada ni nadie. Pero no nos gusta llevar más lejos nuestros pensamientos. No es una razón para ser especial, como al barajar las cartas una configuración particular de las mismas no es mejor que la otra, siendo todas ellas diferentes.
Todos secretamente, en mayor o menor grado, pensamos que somos especiales. Pensamos que valemos.
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