La innecesaria "voluntad absoluta"
Nadie razonable cree que Dios sea un hombre barbado que descansa en la nubes. Prácticamente nadie atribuye características antropomórficas a Dios. No se cree que tenga brazos, piernas… o nariz.

Entendemos porque, y rápidamente argumentamos que sería una clase de antropocentrismo pensar que el Creador es, o tiene forma, de hombre. Una tendencia natural a asumir que lo desconocido tiene la forma de lo conocido. Que si tuviéramos aletas, se las atribuiríamos al cuerpo del Creador.
No pensamos que el Creador tenga siquiera cuerpo. Y nos parece natural dicha conclusión. Mucha gente se sorprendería al enterarse que no parecía tan absurdo en la antigüedad. Debido, en parte, a que todo lo que estaba sobre nuestras cabezas (nubes incluidas) era un misterio insondable.
Cuando llegó el momento en que entendimos a las nubes y su naturaleza. Cuando entendimos la forma de la Tierra, la gravedad, la biología del propio cuerpo humano, la idea de un Dios antropomorfo se volvió espuria. Pero nuestra tendencia al antropocentrismo persiste. Nuestra inclinación a atribuir a lo desconocido las características de lo conocido sigue ahí.
A todos parece ridículo que Dios tenga cuerpo, pero no que tenga voluntad. Pero, ¿no es acaso el mismo error? ¿No es atribuir a lo desconocido los atributos de lo conocido? ¿No es atribuir una característica puramente biológica a algo que no lo sería? ¿Por qué pensar que el cuerpo no, y la voluntad si?
En parte, a que el pensamiento y su naturaleza son un misterio insondable. En parte, a que lo conocido de ella no es popularmente dominado.
Y no. Eso de decir que la mente de Dios es “perfecta” o “infinita” significa que no sabemos de que rayos estamos hablando. Por definición serían incomprensibles, inabordables. Regresamos a que no sabemos de que estamos hablando. Lo que reduce el hecho a un acto de pura y simple fe, que espero, no es lo que nos interesa.
Me supongo que la creencia romántica de que la mente, el pensamiento y la voluntad, son algo “especial”, una clase de propósito y quinta esencia en el Universo, el eslabón más alto de algo impronunciable, nos inclina a considerar la mente como la expresión más alta de algo hipotético llamado “esencia“. En vez de considerarla como “algo más“. Como un algo. Como cualquier otra cosa que hay en el Cosmos. Ya no se llama geocentrismo ni antropocentrismo. Es el psicocentrismo. Ya no hacemos girar al Universo alrededor de la Tierra, ni el sentido del Universo alrededor de nuestra forma antropoide. Lo hacemos girar alrededor de eso, aparentemente más etéreo, que es la mente. De lo intangible inmediato.
Si ella, la mente, nos permite la intuición de algo que no sea ella. Del orden superior, nos parecerá igualmente ridícula su posición central.
Creemos que ella, si acaso, significa algo.
Name: