Life resolution
¿Has visto de una mirada todos los días de tu vida? ¿Qué apariencia tiene algo así? ¿Cuántos días son en realidad? Es algo fácil de conseguir. Un día hice una imagen. Una que contuviera tantos píxeles como días de existencia una vida humana. La imagen de abajo es un ejemplo. Apenas si supera en píxeles el número de días que hay en una vida de 80 años.

Visto así no parecen tantos. Es una imagen muy pequeña de muy baja resolución. No se puede hacer una postal con ella, y se pixela con mucha facilidad tan pronto nos apresuremos a agrandarla. Tiene en la parte de abajo un punto brillante del tamaño de un día. Es un mapa de bits, un mapa de días. Tantos días como una vida tiene.
Consideremos de nuevo ese punto. Ese punto es el presente. Es hoy. En él, todo lo que haz hecho desde la mañana: tu aseo, tu trabajo o estudio, tu comida, todas tus distracciones de ahí hasta el momento de dormir, se contienen. Después de eso, está condenado a apagarse por siempre. Los otros, a la espera de ser encendidos por un día, pero no más.
Todos los que conoces, todo cuanto sabes y has aprendido, todas tus alegrías y sufrimientos, tu primer beso, tus noches de pasión, tus desilusiones, tu escuela y trabajo, el tiempo con tus amigos, tus días de fiesta, tus viajes, tus días de duelo, el día de tu nacimiento y el día de tu muerte, todos. Todo lo que has hecho y harás alguna vez, se contiene ahí: en una minúscula foto de puesta de sol.
¿Cuál es la resolución de tu vida? Cada día que pasa es un píxel que se apaga. ¿Qué es lo valioso para ti del punto que brilla? ¿Crees posible capturar una imagen fiel del mundo en tu pequeña matriz digital?
La duración de la vida humana es apenas una mancha en medio de un océano de tinta. La vida es un fugaz instante. Un parpadeo en la inmensidad. A pesar de la creencia de tu vecino o los clamores de la tradición, en medio de la eternidad, en toda esa enormidad, no hay ningún indicio confiable de que su existencia continuará con posterioridad. El último píxel es el último día que jamás verás.
Pensemos en lo frecuente que usamos la frase “para siempre” cuando nos referimos a nuestra propia vida. En lo interminables que parecen nuestros males, en lo largo de nuestras esperas. En lo sabios que pensamos ser. En lo infantil de nuestras pretensiones. En la seriedad con que nos consideramos a nosotros mismos. Todo es desafiado por la visión de la matriz de nuestros días contados.
Para mi, invita a reflexionar el propósito y razón de ser que le otorgamos a nuestra vida, y valorar concienzudamente la maravillosa oportunidad que significa estar vivos.
Esta entrada está inspirada en el famoso fragmento de “Un punto azul pálido“ de Carl Sagan. Lo puedes ver aquí, y aquí
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