Influenza: ¿Dónde están los muertos? No ¡¿Dónde están los vivos?!

Antes que nada, una síntesis de Martín Pereyra que no lo pudo decir mejor:
El problema es que, en principio, todo puede ser usado como cortina de humo contra todo. Por una razón muy simple:
La capacidad de los medios de comunicación es limitada.
En última instancia, los encargados de medios impresos o audiovisuales tienen que enterarse de “todo” lo que ocurre en el mundo, hacer un filtro de esos sucesos mundiales y seleccionar “lo de mayor interés” para la audiencia, editarlo (en el sentido de dar formato adecuado al resumen de hechos del mundo, no necesariamente en el de ocultar o inventar hechos de acuerdo con una agenda político-ideológica) y embutirlo en 60 páginas de periódico, 128 páginas de revista, dos horas de radio o una hora de televisión. El espacio real es mucho menos por la publicidad. En los audiovisuales, la cantidad de datos que puedes meter está limitada en última instancia por la velocidad de la voz humana. Los impresos te dan un poco más de flexibilidad (puedes meter más páginas, puedes reducir el tamaño de tu tipografía) pero todos los parámetros tienen límites a partir de los cuales tu periódico se vuelve inmanejable e/o ilegible.
De ahí vemos que el espacio del medio es forzosamente finito, y por lo tanto no puedes enterarte de “todo” con un periódico o un noticiero, y que de todos los hechos relevantes del mundo, la inmensa mayoría se encuentran fuera del periódico o del noticiero. Son, para cualquier fin práctico, silenciados, censurados. Esto es cierto incluso si todo el contenido del periódico fuera relevante.
¿Y los intereses en conflicto?
Extendiendo las palabras de Martín, ¿no es posible que la sobre-explotación del tema por parte de los medios, se deba exclusivamente a motivaciones comerciales y beneficios económicos para ellos mismos?
¿Desde cuándo los medios acatan con tal obediencia las órdenes gubernamentales? (considerando la idea de una conspiración gubernamental) Léase: Ley Televisa, spots del IFE, etc., por mencionar algunos. Nunca se han tentado el corazón al darle la espalda a una orden si va en contra de sus intereses. Si los medios ven un beneficio económico lo harán, sea verdad o mentira. Y han demostrado ser capaces de intentar pisar a cualquiera que se los impida.
Quizá la gente tenga la percepción de que el gobierno y los medios son nuestros enemigos. Pero eso no los hace amigos entre sí.
Esa dificultad por hacer empatar intereses tan diversos, vuelve las ideas de conspiración difícilmente asimilables para mi.
¿Por qué un país como Cuba, tan contrario y declarado enemigo de los intereses “imperiales” de los E.E.U.U. (supuesto implicado, según los conspiranóicos), ha cancelado vuelos a México? ¿También forma parte de la conspiración?
¿Y que podemos pensar de los partidos políticos opositores? ¿Cuál ha sido su reacción? ¿Ellos si actúan de acuerdo a sus intereses partidistas (no sea que pierdan electores), pero los medios no actúan según sus intereses económicos con tal de acatar las órdenes presidenciales?
¿Y los disidentes?
Es relativamente común ver, cuando una empresa o institución se involucra en actos éticamente cuestionables, que “algunos” trabajadores o colaboradores dimitan. Quizá no sean muchos, pero considerando la cantidad de involucrados, deberían ser “algunos cuantos”. ¿Dónde están ellos y las pruebas tangibles de la conspiración?
Los conspiranóicos preguntan dónde están los muertos (¿?), yo pregunto: ¿dónde están los disidentes involucrados?
¡Pero los cubrebocas no sirven!
Hay verdad al decir que los cubrebocas son menos útiles de lo que se pintan. Por otro lado, es una acción razonable cuando no sabes quienes son los enfermos, no es sensato esperar hacerles pruebas, y estimas un nivel de propagación muy peligroso. No es muy válido a día de hoy, aunque según un epidemiólogo nacional, en los días de la primer suspensión de clases, se creían que el virus era mucho más mortífero de lo que realmente es. De ahí esas primeras recomendaciones, que se han perpetuado sin mucho sentido.
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