
Encontré un maravilloso “micro” Zen de la simplicidad y el minimalismo. Algunos principios para tener menos y disfrutar más de la vida:
¿Es menos realmente más?
El arte de tener menos mientras disfrutamos más la vida se resume en lo siguiente:
- El Zen del espacio: Hay belleza en el espacio, pero no conseguimos reconocerla entre todas esas cosas que tenemos. Siempre que nos encontramos ante un espacio físico abierto en nuestro entorno, nos invade una sensación de paz. Este es el principio que rige el estilo de las casas japonesas. La belleza en un espacio pequeño es el reconocimiento del minimalismo, donde realmente menos es más. Tenemos que entender que el espacio está para ser disfrutado, no para llenarlo.
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Cuando era niño era ciego.
Quiero decir, de niño no entendía nada, y cosa aparentemente paradójica, es la etapa de la vida donde es más fácil recibir, captar y aprender todo lo que el mundo ofrece.
También es la época donde se construyen todos esos esquemas, reglas y modelos mentales del mundo, que nos permiten abordarlo, darle sentido, y claro, navegarlo.
El hecho de navegar el mundo y tener más o menos éxito en dicho cometido, no quiere decir ni remotamente que nuestras reglas y modelos del mundo se acerquen siquiera a la realidad. En muchos casos esas reglas se refieren a propósitos, sentidos y direcciones de la vida. Cualquier filosofía de vida o religión es uno de estos modelos de mundo.
Los modelos son tan apabullantes, tan persuasivos. Son “tan” omnipresentes, siempre entre nosotros y la realidad externa, que son, como todo lo que no puede ser contrastado, casi invisibles.
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Es inevitable que llegue el momento cuando nos preguntemos qué cosas de las que hacemos, realmente las hacemos por convicción personal, y cuantas son mero aprendizaje o imitación.
Este pensamiento puede llegar a nosotros cuando regresamos de un largo viaje, donde tuvimos la oportunidad de escapar de nuestra rutina. O cuando nos replanteamos el camino y las acciones de nuestra cotidianidad.
A veces, viene a mi una sensación extraña, generalmente cuando veo a una pareja de escuela secundaria (entre 12 y 15 aprox) tomados de la mano. Particularmente las chicas, parecen no saber porque toman la mano de su compañero. Es posible ver en su cara una especie de aceptación acrítica de que “asi es”, de que así son las cosas y no hay razón para que no lo sean.
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El tiempo no ha estado a mi favor en estos días. El diálogo ha quedado trunco por ahora. Pero deseo dedicarle el tiempo que se merece… ¡De verdad! ¡Ahí no acaba el diálogo!
Por ahora baste decir que me siento feliz… pero cansado.
No desespereis.
Las secciones mágicamente desaparecidas volverán en breve… (en realidad siguen ahí, solo que no existe vínculo a las mismas… :S).
Ya volvieron… :P
TE AMO ARACELI
P.D:. Y para mis lectores… lamento el gran retraso que ha tenido el diálogo iniciado con las entradas anteriores a esta. Han surgido problemas de índole familiar que me han impedido estar en el estado ánimico adecuado. Pero pronto continuará nuestra pequeña aventura intelectual… (qué jalado se oyó eso último). Gracias por su comprensión.
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El día de ayer cumplí 26 años. Es el inicio del tiempo donde estoy más cerca de los 30 que de los 20. No sé que más decir.
Como todos los años, en este han pasado muchas cosas. Ha sido de más meditación y menos acción que el anterior. No menos enriquecedor, pero si más tranquilo y rápido.
No se por qué, pero al llegar a mis cumpleaños siempre siento alguna clase de emoción vivificante, un momento de perspectiva de lo que sucede, o de lo que puede suceder.
Hoy me siento… feliz, y con una clase de motivación que no tuve en gran parte del año. Me encuentro en un proceso de dar sentido a la vida. Como si tuviera una gran canasta de sentido que tengo que repartir a sus componentes. Me niego a caer en la mentira de que la vida tiene algún sentido por sí misma. De que es valiosa, de que es emocionante. La vida no es emocionante. ¿Cómo juzgar a la vida dentro de si? La vida no es emocionante ni bella. Tampoco es lo más horrible concebido. La vida es la emoción y la belleza, como lo horrible y lo terrorífico.
Que todos los años sean de satisfacción y felicidad para ustedes.
Cuando niño me fascinaba colocarme en la orilla de la azotea de mi casa. Era una sensación de fatalismo que me hipnotizaba: un giro, un movimiento mínimo, más simple que el necesario para dar un paso, y la muerte… mi muerte, estaría servida.
Esa capacidad. El sentir que tienes toda tu vida en las manos. ¡No! Tu vida no: el Universo. Todo en un paso. El poder que sientes sobre ti mismo en la orilla. Tan increíble. Tan rebelde. Tan vulgar. Tan fácil.
Tal vez tu no. Tal vez una corriente de aire que llega de repente… y te caes. Fin.
Por un momento todo se ve ilusorio. Es decir. ¿Para qué todo, si con un paso desaparece? Como decía Cioran: En un solo instante, suprimimos todos los instantes; ni Dios mismo sabría hacerlo igual. Pero, demonios fanfarrones, diferimos nuestro fin: ¿cómo renunciaríamos al despliegue de nuestra libertad, al juego de nuestra soberbia?
P.D.: Escribo horrible.
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¿En base a qué nos apreciamos a nosotros mismos? ¿En qué se mide? ¿Una autoestima sana refleja necesariamente la realidad? ¿Es una afirmación sobre la realidad? ¿Somos valiosos? ¿Pero por qué? Usualmente no somos los mejores en algo (para no decir prácticamente nunca). Nadie de nosotros es el más inteligente, ni el más guapo, el más carismático o el más simpático. No somos el más divertido, ni el que gana más. O el más sabio, el más paciente o más virtuoso. Ni siquiera estamos cerca de serlo. Los mejores a nosotros tampoco están muy lejos. Los vemos todos los días. Hay una reticencia a aceptarlo, pero nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. El tipo que te encuentras por la calle, en algún lugar. Siempre, todos los días. Cada uno de ellos, en algún aspecto, es mejor. Hecho que se cumple siempre y para siempre.

A sabiendas de que somos tan solo un pixel más en el inmenso tapiz de la existencia, de que somos una mota de polvo indistinguible de la nada. Un punto en una inmensa y oceánica mancha de tinta. De que en la gran mayoría de los casos nuestra existencia o falta de ella no cambia en lo absoluto la naturaleza de dicha mancha de la que formamos parte. Después de todo esto, que podemos ver y tocar todos los días. Que nos sacude los ojos y el entendimiento. Que destroza nuestras más ególatras fantasías. ¿Por qué insistimos en apreciarnos a nosotros mismos?
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Estreno nuevo diseño. Aunque pretende utilizarse en todo el sitio, por el momento solo se encuentra disponible en la sección de “Blog”.
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Hace unos instantes escribí algo. Que en el momento de redactarlo lo sentía en lo más profundo de mi ser. Pero basta que pasen… mmmm ¿10 minutos? para que se vuelva agua lo que era fuego. Ni lo termine de lo rápido que se me fue la inspiración. Mal.
Lo pongo, porque de no ser así este pequeño espacio digital carecería de sentido.
Ahi “ta”:
Amigos,
Como nunca antes, les escribo hoy. Escribo, dada una imperiosa necesidad de expresión. Una necesidad generada por la impotencia, y acaso, la frustración.
Escribo, dándome cuenta que no soy una persona feliz. No porque no tenga todo lo que se necesite para serlo. Sino pensando y sintiendo que no se vivir la vida. Que no se vivirla ni abordarla de forma que yo pueda ser feliz. Escribo en una etapa gris, donde me contemplo, y solo puedo ver mis defectos y mis carencias. Mis vacíos que detesto. Donde veo que soy lo que no quiero ser.
Escribo, porque me siento triste, y no se como hacer para no sentirme así. No una tristeza que se manifieste en mi falta de risas o muecas, como en mi falta de sentido, dirección y propósito, satisfacción e independencia.
Me siento triste y la tristeza. Incapacitado para abrazar la tranquilidad.
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Cuando inicié el proyecto de mi página personal, allá por el año de 2001, prácticamente no existían los blogs. Los sitios eran un vertedero más o menos serio de cuestiones que le importaban al dueño (incluyéndose a sí mismo). Había tiempo para la reflexión y uno publicaba algo después de revisarlo con cierto escrutinio.
Ahora se publica lo que sea. Si alguien tiene un arranque de locura, tan solo basta plantarse aquí, frente a su PC, escupir el contenido de su cabeza. Pulsar “publicar” y ya. Fenómeno que alienta la proliferación de sartas de pende”#!$… va ustedes entienden.
Hoy me pasó algo de eso.
Fin.
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Leía el último post de Plaqueta y no me paso desapercibida su ya larga tradición escribiendo y escribiendo en sus diarios. La verdad es que yo nunca llevé uno. Y eso que lo intente más de una vez, lo cierto es que se me olvidaban (aunque suene casi sacrílego), y jamás tuvieron continuidad.
Que extraño, podría pasar algo extraordinario en mi vida y no lo pondría aquí (o no lo he puesto). Y es que para eso de escribir hay que tener talento, la verdad. Y yo… pues no es que no lo tenga. Debe ser la practica. Si. Eso debe ser. Eso y acordarse que uno tiene un blog.
Sniff
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Me fascinan las personas apasionadas. Si una personalidad vibra con la nota adecuada de vida. Si alguien vive rayando la obsesión de una faceta. Entonces su espíritu puede conocer la pasión.
Creo que vivir de cualquier otra forma es caminar medio muerto, como andar sin interés en la vida. Me gusta que las personas tengan obsesiones, no siendo lo mismo que la imprudencia o la idiotez.

Y las pasiones, ¿son perecederas o son para toda la vida? Porque yo recuerdo las mías, y no logro evocar la inyección de vitalidad que provocaba tan solo escucharlas nombrar. ¿Ya estoy medio muerto? ¿Tan sólo me encontraba enamorado? ¿Es depresión?
Quiero encontrar mi pasión perdida. El interés en lo trascendente. La necesidad de consagración en vida. El pensamiento que está por delante de todos los demás pensamientos. Mi obsesión.
Un poco alejado he estado de este sitio. Pero si la mala fortuna los ha hecho leer este mensaje, entonces que les deje en su desdichada suerte, buenos deseos. Que este año este lleno de satisfacciones para ustedes y los suyos.
Pss eso.