Cuando era niño era ciego.
Quiero decir, de niño no entendía nada, y cosa aparentemente paradójica, es la etapa de la vida donde es más fácil recibir, captar y aprender todo lo que el mundo ofrece.
También es la época donde se construyen todos esos esquemas, reglas y modelos mentales del mundo, que nos permiten abordarlo, darle sentido, y claro, navegarlo.
El hecho de navegar el mundo y tener más o menos éxito en dicho cometido, no quiere decir ni remotamente que nuestras reglas y modelos del mundo se acerquen siquiera a la realidad. En muchos casos esas reglas se refieren a propósitos, sentidos y direcciones de la vida. Cualquier filosofía de vida o religión es uno de estos modelos de mundo.
Los modelos son tan apabullantes, tan persuasivos. Son “tan” omnipresentes, siempre entre nosotros y la realidad externa, que son, como todo lo que no puede ser contrastado, casi invisibles.
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