¿La ciencia es materialista?

Científico
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Esta entrada pertenece a la serie: Una filosofía de la Inteligencia Artificial
El «materialismo», como corriente filosófica, hace énfasis en el origen que tienen las facultades mentales y la conciencia, como el resultado de unos procesos físicos que serían subyacentes a estas. Tal visión es contraria al «idealismo» que niega tal dependencia, afirmando en sus versiones más extremas, que los objetos no existen sin la presencia de una mente consciente. En medio de ambos polos, entre el materialismo y el idealismo, hay un sin número de variantes y matices.

Esta problemática es un buen antecedente e introducción al tema que nos ocupa, la inteligencia artificial y su ineludible relación con aquello que se nos parece revelar como lo menos material de todo lo imaginable: la mente.

¿Qué es la ciencia? Es muy buena pregunta. Sin involucrarnos en largas y farragosas discusiones, o detalles que solo competen a los expertos, podríamos decir que la ciencia es un conjunto de maneras que nos hemos inventado para abordar el mundo, a fin de conocerlo y comprenderlo. Como toda aproximación a la realidad, parte de supuestos; pero en el afán de no perdernos de nada, estos tratan de ser los mínimos posibles. El objetivo es dar por hecho lo menos que podamos acerca de su objeto de estudio: la totalidad. ¿Por qué? Porque nuestras suposiciones podrían ser falsas, y si partimos de falsedades, poco será lo que podamos descubrir en realidad.

Los principios fundamentales de la ciencia son, en naturaleza, metafísicos. El científico mexicano Ruy Pérez Tamayo lo expone de manera magistral:

Todo el majestuoso edificio de la ciencia contemporánea descansa en dos proposiciones metafísicas, que pueden enunciarse como sigue: 1) La regularidad de la naturaleza no reconoce excepciones, y 2) El hombre posee la capacidad de comprender la regularidad de la naturaleza.

Damos por hecho que las regularidades existen (el sol sale todas las mañanas, al día siempre sigue la noche, siempre llueve hacia abajo, etc.), y producto de analizar dichas regularidades abstraemos unos principios generales que sintetizan dichos comportamientos, a los cuales llamamos «teorías» y «leyes».1 Damos por hecho que los principios que rigen a las regularidades no conocen excepciones (sean o no aquellos que nosotros hayamos deducido o imaginado), y también que tenemos la capacidad de comprender dichas regularidades.

¿El principio de «causa y efecto» no es fundamental para la ciencia?

En realidad no es necesario, ya que por sí mismo es una regularidad, así que está contenido en ese principio más general. Notar que dicho así significa que podría existir una ciencia que asuma la existencia de regularidades que no impliquen la presencia de una «ley» de causa y efecto absoluta o universal que aplique siempre bajo todas las circunstancias. Esta sutileza tiene más sentido en temas como el origen del Universo, donde un principio absoluto de causalidad puede ser cuestionado o puesto en duda bajo su forma tradicional. No nos compete mucho en el tema que nos ocupa.

Materialista, ¿sí o no?

Nótese que las palabras «material» o «materialismo» no han formado parte de nuestra pequeña y escueta definición de ciencia. Entonces, ¿ la ciencia lo es? Ella pretende conocer y descubrir lo existente, sea de la naturaleza que sea. Las regularidades y las reglas que las sintetizan o definen, son su objetivo.

¿Hasta dónde las asunciones sobre la naturaleza de los procesos mentales y la ontología de las ideas, afectan el quehacer científico? ¿Podría existir una ciencia «idealista»? En muchos campos científicos el decantarse por una u otra postura hace poca o nula diferencia. Por ejemplo: si analizamos la conductividad eléctrica de los metales, resulta irrelevante para los resultados de nuestro estudio si pensamos que la naturaleza material de estos precede a la mente o no. La intensidad de la corriente eléctrica o los voltajes que sean capaces de soportar nuestros objetos de estudio, serán aquellos que marque nuestro instrumental como resultado de los experimentos. Científicos idealistas y materialistas, con toda seguridad, estarán de acuerdo con las conclusiones que se desprendan de ellos, independientemente de su postura filosófica.

Incluso en una disciplina tan abstracta como las matemáticas, tanto materialistas como idealistas, estarán de acuerdo en las conclusiones obtenidas por medio de una demostración matemática rigurosa, con independencia de que algunos conciban a las entidades matemáticas como existentes por sí mismas como si no. Este no es el caso de otras disciplinas, particularmente las relacionadas con la mente, como la psicología o aquella que nos ocupa: la inteligencia artificial. Su relación con el proceso mental es tan estrecho, que es un punto que no podemos dejar pasar por alto.

Existe una forma de aproximarnos científicamente al mundo que podríamos llamar «materialista», y otro, que podríamos llamar «idealista». Pero también, en algunos casos, podríamos ser indiferentes a cualquiera de esas dos visiones, sin menoscabar la calidad de nuestro trabajo.

¿Es entonces la ciencia materialista? La aproximación típica de los científicos al momento de abordar el mundo suele ser materialista, a veces neutral, pero muy rara vez de otra índole. Es fácil de comprender. Las ideas se revelan a primera vista como inaprensibles, lo que significa que no las podemos tocar, comparar o analizar, como entes independientes de forma sencilla o trivial. Pero esto no significa que la ciencia sea materialista per se.

¿Por qué existe esta confusión?

La mayoría de las personas consideran a la ciencia materialista, pasando desapercibidas las sutilezas expresadas anteriormente. Existen, a mi parecer, dos razones principales:

La ciencia no respalda las nociones no-materiales de la población.

Es decir, no se muestra a favor de los conceptos tradicionales de «espíritu», «alma», o los llamados fenómenos paranormales, por dar algunos ejemplos. ¿La razón? Los fenómenos mentales realmente parecen ser el producto de procesos físicos, y las evidencias de lo contrario son endebles, cuestionables, o abiertamente contradicen nociones bien establecidas por otros flancos. Así que para alguien convencido de la existencia de estas entidades, la ciencia está incompleta, está sesgada o es materialista. Se dice a sí mismo que a la ciencia le falta analizar lo místico, antes de preguntarse si lo místico realmente está ahí.

Otra conclusión típica es que la ciencia, por una cuestión de principio, es incapaz de abordar tales temas. Lo cual, si uno lo piensa bien, resulta una noción extraña. Al ser la ciencia una empresa humana, es capaz de abordar todo aquello a lo que podamos tener acceso. Si los humanos tuvieran acceso a dichas «realidades» no-materiales, no habría razón alguna para que escaparan de su brazo y su mirada. Por lo menos para algo tan elemental como determinar su existencia.

Que algo no influya en nosotros de forma alguna, sería la única razón para que no pudiera ser abordado por la ciencia. Ahora considere esto el lector: si hay algo a lo que no se pueda tener acceso o no pueda influir en nosotros de ninguna manera, ¿cuál sería la diferencia de que existiera o no tal cosa?

Lo usual en el mundo actual, es que se exprese una persistente exigencia para «ensanchar» la visión y manera de acercarse al mundo por parte de la ciencia, para que contemple y tome en cuenta los objetos místicos asumidos como reales por los creyentes. Pero muchos pensamos que tales propuestas no tienen como objetivo un verdadero avance en el conocimiento. Simplemente desean establecer como verdades o axiomas los dogmas de los quejosos, o bien, relajar los criterios que se utilizan para establecer algo como una «verdad científica», y así, aceptar fácilmente sus ideas. En otras palabras: comenzar a decir que algo es verdad sin buenas razones para hacerlo.

No es un tema sencillo de tratar. Hay quien argumenta que, de no cambiar su «enfoque», la ciencia no podrá jamás acercarse a explorar esas «realidades» que ahora ignora. Analice el lector ese argumento. Uno pensaría que es importante establecer la existencia de tales entidades primero, antes de ponerse a analizarlas. ¿El quejoso la está asumiendo de antemano de forma justificada o no?

De la forma que sea, como si las nociones típicas de lo espiritual tienen algo de verdad como si no, la ciencia no se rige ni se enmarca por un principio que niegue su participación en ellas.

La ciencia, en buena parte, habla sobre cosas materiales

Otra razón para que se asocie a la ciencia con el materialismo es que sus mayores objetos de estudio han sido, precisamente, las cosas materiales. El mundo que nos rodea y es accesible a nuestros sentidos es físico, y es lo que mejor conocemos. Lo que siempre hemos conocido. Por tal motivo, no resulta extraño que la mayor parte de la ciencia hable de ello. No confundir «materialismo» con «masa», «sustancia física» o aquello que «se puede tocar con las manos». De hecho, se entiende a la masa como un subproducto de leyes más fundamentales, que por supuesto, la trascienden. La ciencia nos habla de campos y otras entidades no menos extrañas, que si uno las analiza bien son casi etéreas, místicas y misteriosas. Por ejemplo, el tiempo o las propiedades geométricas del espacio. Pero no por ello dejan de englobarse bajo el término «materialismo».

Lo usual es que estos objetos no fascinen a la población. Se han vuelto conceptos cotidianos. Es más probable que la gente sienta un atractivo especial por aquello que no ha sido explicado, como las nociones de lo místico o espiritual, sean reales o no.

La ciencia no es perfecta

Como empresa humana, la ciencia posee los defectos y carencias de aquellos que la llevan a la práctica. Que idealmente no sea materialista, no significa que dejen de existir científicos materialistas, o que incluso, se necesite de tal perspectiva al momento de abordar ciertos problemas. Que aspire a guiarse exclusivamente por la evidencia y las pruebas, tampoco significa que sea inmune a la ideología, sesgos, o errores de sus practicantes. Ante todo debemos mantenernos vigilantes para no permitirle alejarse demasiado de sus más altos ideales.

Comentarios finales

La ciencia solo pretende conocer y descubrir el funcionamiento del Universo, así como el de las entidades que lo constituyen, sean de la naturaleza que sean, materiales o no. La ciencia puede aspirar al análisis de todos los objetos a los que el hombre mismo pueda tener acceso, sea de forma directa o indirecta. No existe un principio rector que la obligue a desatender ninguno. Esa es precisamente una de sus mejores cualidades: su universalidad.

Esta entrada pertenece a la serie: Una filosofía de la Inteligencia Artificial
  1. En algunos contextos, «teoría» hace referencia al marco conceptual que pretende explicar una serie de fenómenos y «ley» a las reglas, usualmente matemáticas, que se desprenden de ella. Hago hincapié en que la palabra «teoría» denota el grado más alto al que puede llegar una descripción científica de la realidad, haciendo referencia a aquellas que cuentan con más respaldo y evidencias de todas. Se pueden citar como ejemplos la Teoría de la Relatividad, la Teoría de Números, o la Teoría de la Evolución. «Teoría» en el ámbito científico no hace alusión a una mera idea u ocurrencia, como sí lo hace en el lenguaje coloquial.

Javier

Maestro en Ciencias de la Computación (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Estudioso de la inteligencia artificial, ciencias cognitivas y temas afines.

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2 Respuestas

  1. (Este comentario fue escrito para una versión previa de este artículo, el cual ha sido corregido, y no representa el pensar de su autor para el artículo actual)

    Aunque el discurso es elegante y bastante consistente, a mi modo de ver creo que tiene un fallo de razonamiento y es presuponer que nada que sea pensado y resida “en la mente” puede ser material y por consiguiente todo es no-material. Creo que es una falacia de conocimiento ya que la realidad siempre será percibida a través de la mente (no hay otra vía) pero eso no convierte la ciencia en “idealista”.
    El conocimiento científico es como el brote de una palmera, nunca hay un último brote sino que siempre emerge uno posterior que convierte en antiguo al anterior. Se va construyendo conocimiento científico por eliminación de hipótesis previas que se contrastan y justamente la ciencia -la verdadera ciencia- nunca dirá que se ha descubierto la última explicación de nada. La realidad de la ciencia es su proceder, el método científico, no sus descubrimientos. Como decía el poema, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
    Un saludo y gracias por el artículo.

    • Javier dice:

      Antes que nada, gracias por el comentario.

      En realidad el artículo no intenta argumentar a favor del «idealismo». De hecho, la serie completa pretende ser una poderosa argumentación en su contra, aunque solo como efecto colateral. La idea principal es hablar de inteligencia artificial, pero entiendo que el primer párrafo puede llevar a confusión, al hacer referencia a la mente. He intentado corregirlo y aclarar desde el principio que la entrada es parte de un documento más grande.

      La intención era, simplemente, dejar claro que la ciencia no implica una visión materialista per se.

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