¿Por qué pensamos que lo percibido es real? ¿Qué tanto las experiencias místicas podrían estar revelando algo superior?
Javier Garduño
De la realidad no tenemos mucho. Aquello que tocamos, vemos, y oímos. O mejor dicho: las sensaciones de tocar, escuchar, y ver, no son sino una sombra de la realidad. Es difícil decir algo más de ellas. Es todo lo que tenemos del universo. El tacto, la vista y el oído no son mas que sensaciones. Si somos extraordinariamente inquisitivos, podríamos dudar hasta de la existencia de nuestros ojos u oídos. ¿Por qué confiamos en ellos tanto? Confiamos porque nuestras sensaciones generalmente se ven confirmadas por otras. Casi todo lo que podemos ver, lo podemos oír. Podemos ver como rebota una pelota y también escucharla mientras lo hace. También podemos sentir el golpe. Podemos sentir la vibración que produce el sonido que escuchamos. Podemos escuchar un ladrido detrás de la pared, y al acercarnos ver al perro que lo ha provocado.
A veces percibimos cosas que no están ahí. Imagina que tienes una fuerte gripe que te obliga a estar en cama. De pronto vez una tarántula que se acerca a ti por el suelo de la habitación. Hay alguien a tu lado y te dice que no puede verla. Tu percepción de la araña no esta corroborada por la otra persona (o mejor dicho, por tu percepción de la otra persona). No sería descabellado pensar que sufres una alucinación debida a una alta fiebre. Si observamos detenidamente algo muy brillante como un foco, al dejar de observarlo, podremos percibir que permanece en nuestra vista. No por ello pensamos que hay una cosa brillante que se mueve delante de nosotros. Es una simple ilusión. Una tan común, que no le prestamos importancia.
Hay situaciones en la que nuestras percepciones si poseen una corroboración del tipo expresado anteriormente. Sin embargo, no consideramos que lo percibido exista realmente. Tal es el caso de los sueños. Podemos tocar lo que vemos y también escucharlo. ¿Por qué no pensar que esa es la verdadera "realidad" y no la que se nos muestra al despertar? ¿Qué tal las dos? No pensamos eso ya que los sueños no son coherentes entre sí. Lo que era cierto en uno, en otro puede no serlo. A veces los sueños se repiten de forma idéntica, como si estuviéramos viendo una película una y otra vez. No sucede lo mismo en el mundo que llamamos "de vigilia". Los mismos problemas pendientes que tenemos al ir a dormir, siguen sin ser resueltos al despertar. Casi siempre despertamos en el mismo lugar en el cual nos acostamos. Y si no sucede así, conocemos la razón. De no conocerla podríamos terminar muy confundidos.
Lo que llamamos percepción de la realidad, o simplemente la realidad, no es mas que ese tapiz de sensaciones que se refuerzan mutuamente. Todo inmerso en un soberbio equilibrio y una monolítica coherencia interna. No todo lo que sentimos lo consideramos real, solo aquello que se muestre coherente con el dinámico modelo de la realidad creado a partir de las sensaciones previas.
Algunas personas piensan que un determinado fenómeno es real, y lo hacen, a pesar de que las sensaciones que lo motivan no tienen corroboración; como en el ejemplo de la tarántula. O que por su naturaleza, simplemente no pueden ser verificados. Algunas concepciones del alma o de la existencia de un Dios personal tienen esta característica. ¿Qué podemos pensar sobre ellas? Si es un fenómeno al estilo de la tarántula, donde no hay verificación cuando debería existir, podemos decir, con una seguridad equiparable a la certidumbre de nuestro conocimiento, que dicho fenómeno es falso. No sucede así con los otros casos, que no pueden ser negados a priori.
La verificación sensorial es importante, pues nos da pistas sobre la realidad de lo percibido. Le da cierto respaldo a la idea de que realmente existe. De hecho, en muchas situaciones esa "confirmación" debe acontecer forzosamente.
Expandiré el concepto de percepción a cualquier cosa que puede ser experimentada internamente. Por ejemplo, los sentimientos. Como su nombre lo indica, son algo que se siente, que se experimenta. Forman parte de nuestro universo personal.
En la calle podemos encontrarnos con afirmaciones sobre hechos de la realidad que no otorgan verificación alguna. Una es aquella que menciona nuestra capacidad de tener experiencias místicas que nos "conectan" con aspectos ajenos a la realidad mundana. Ya sea concentrándonos de la manera adecuada, o bien, ingiriendo alguna sustancia.
Según el enfoque científico actual, podemos concebir al cerebro, o mejor dicho, las reacciones e interacciones que en él suceden, como el receptáculo sobre el cual se sostiene nuestro pensamiento, nuestras sensaciones y nuestros deseos. Tanto es así, que sabemos de sustancias que pueden alterar la naturaleza de dichos procesos, y en consecuencia, alterar nuestra percepción de la realidad. Tal es el caso de las drogas. Algunas permitidas, como el alcohol. Esto es algo conocido por todos y nada sorprendente.
Dando por hecho lo anterior, podemos decir: ya que todo proceso mental dependería del cerebro, una alteración en dichos procesos alteraría la percepción de la realidad, así como la capacidad de razonamiento. Si recordamos que la realidad es para nosotros un conjunto de sensaciones y su interpretación, ¿qué pasará con la realidad si consumimos una de esas sustancias o los procesos internos del cerebro cambian? ¡Lo evidente! Se verá alterada.
¿Podrán existir sensaciones provocadas por drogas o estados alterados, lo suficientemente poderosas para convencernos de que son una realidad externa? Parece obvio que si, dada la existencia de desordenes cerebrales que pueden provocar, en quienes las padecen, fuertes alucinaciones que convencen a su poseedor de su existencia. En ocasiones ni siquiera es necesario el desorden cerebral.
Según algunas corrientes místicas, esas experiencias nos hablan de realidades que van más allá de lo mundano.
¿Está injustificada la posibilidad de que solo sean un estado alterado? Es decir, ¿algo provocado por los efectos de la sustancia ingerida o la concentración adecuada? Las sensaciones místicas existen. ¿De eso sigue que se está conectando con "algo" allá afuera? ¿Cómo podríamos diferenciar una experiencia mística genuina, con una provocada exclusivamente por la droga? ¿De dónde proviene la propia idea de una experiencia más allá de la realidad mundana? Los defensores de dicha idea están seguros que experimentan algo fuera de ellos mismos.
Pienso que se da por hecho la realidad de algo "místico" sin otra razón que no sea la "intuición" o el "sentir". Algún experimentado practicante místico podrá argumentar nuestra ignorancia concerniente a la experiencia mística, y de la misma forma en que a un ciego de nacimiento es muy difícil transmitirle la sensación de la visión o de la luz, así a nosotros nos resultaría difícil entender su experiencia. Describir a un ciego la diferencia sensorial que existe entre lo claro y lo oscuro puede ser imposible. Pero hasta donde puedo ver, la experiencia mística por sí sola no podría asegurarnos nada.
Quiero regresar al asunto de porque se interpreta como algo "místico". ¿Recuerdan los sonados círculos en los campos de cultivo? Muchos ufólogos inclinados a la idea de que seres de otros mundos nos visitan, no tardaron en aseverar que se trataba de las marcas de aterrizaje de los ovnis. Esa fue la explicación más popular. Por ahí también existe la gente que dice haber tenido contacto con los alienígenas. creadores de los círculos. Sin embargo existen versiones alternativas de su formación. Hay personas que nos narran sus experiencias de contacto con las "fuerzas de la Tierra", donde esas "energías" se declaran las creadoras de los círculos, excluyendo explícitamente la intervención extraterrestre.
Imaginemos que en algunos círculos encontramos extraños campos magnéticos, o que colocando un radio obtenemos extrañas interferencias. Los partidarios de las fuerzas terrenas tal vez interpreten esto como la evidencia de que los círculos no son obra del hombre. Es más, para muchos será la prueba de que las fuerzas de la Tierra están involucradas. El partidario de los aterrizajes ovni probablemente lo vea como la evidencia de que el hombre no está involucrado, sino los alienígenas. El campo magnético o las extrañas interferencias. ¿Qué prueban realmente? ¿A los alienígenas? ¿O las fuerzas de la Tierra? Obviamente no prueban nada por si solas, de la misma forma que las experiencias no prueban nada por si mismas.
He dejado pasar algo por alto. Actualmente, muchos partidarios de la explicación extraterrestre de los círculos en los cultivos ya no consideran las figuras en los campos como aterrizajes ovni. Simplemente las consideran figuras hechas por los extraterrestres. ¿La razón? Con el tiempo los diseños se han vuelto más sofisticados. Muchos ni siquiera son círculos, son dibujos o figuras. ¿Cuál fue el argumento para que los primeros ufólogos propusieran la idea de los aterrizajes? Con la perspectiva del tiempo, lo único que puedo ver es el parecido de las primeras figuras (círculos), con la forma más popular de nave extraterrestre (platos). ¿Fue una verdadera razón para pensar aquello? Al parecer, el tiempo ha dicho que no. ¿Cuantas ideas similares existen por ahí, donde los parecidos, ya sean físicos o ideológicos, aunados a nuestra influencia cultural, han generado explicaciones injustificadas? ¿Es posible que este tipo de errores se cometan en la interpretación de las experiencias místicas? ¿Dichas experiencias realmente qué implican?
Mucha gente podría argumentar que me cierro a interpretar todo bajo lo conocido. Algunos agregarían que lo comprobable. Entiendo eso. Sin duda alguna hay algo de nosotros y multitud de cosas en el Cosmos de lo cual somos ignorantes. Simplemente no sabemos. Es un misterio. Me gustaría que se comprenda esa palabra: misterio. Es una palabra muy devaluada en la actualidad, que frecuentemente se utiliza como invitación a interpretar las cosas de forma "paranormal" o misteriosa. Pero misterio es eso: un misterio. Algo que no se sabe. No dice nada ni implica nada que no este mencionado. Si está más allá de lo que creemos ser, entonces es eso: lo que no conocemos. No más. Lo demás es gratuito.
Podemos conjeturar lo que no sabemos (¿de qué otra forma se podrían descubrir cosas nuevas si no lo hiciéramos?) ¿Quien pone los límites a mis interpretaciones? Podemos conjeturar y especular cuanto queramos.
Una de las más populares ideas del alma, sugiere que ella es la depositaria de nuestra personalidad. Que es nuestra verdadera esencia. Lo que nos hace ser nosotros. La sustancia de la que esta hecha la vida. Algunos conceptos más elaborados hacen distinción entre las palabras "espíritu" y "alma", para definir funciones o características diferentes. Cada religión o fe puede tener una idea de alma más o menos diferente.
Ahora conocemos la gran dependencia del cerebro que tienen nuestros pensamientos. Vemos como el receptáculo del alma se ha convertido en esa amorfa masa blanquecina. Sus alteraciones físicas alteran nuestros pensamientos y percepciones. Un golpe nos puede aturdir. Las personas que han sufrido un daño pueden adquirir una personalidad nueva y diferente. Conocidos procesos degenerativos crean demencia. Sabemos como puede caer en trampas, trucos, e ilusiones; todo gracias a la naturaleza de su funcionamiento. Conocemos la gran dependencia que la memoria le tiene. ¡La memoria! ¡Ese almacén que es nuestra vida entera! Los tratamientos de electroshock pueden provocar amnesia. La estimulación de ciertas zonas cerebrales puede evocar viejos recuerdos. Ahí tenemos a nuestros enfermos de Azheimer, donde el tiempo que transcurre los condena a olvidar cada vez más.
A pesar de todo esto, gran parte de la población cree en el alma. La concepción tradicional del alma se muestra incompatible con la realidad. Para salvar el problema, podemos imaginar el alma como una entidad que "absorbe" las experiencias de nuestro cerebro cuando éste deja de funcionar. También podemos concebir al cerebro como un canal de comunicación entre el alma y el cuerpo, donde sus alteraciones sólo afectan la comunicación, que a su vez conduce a manifestaciones en el cuerpo y percepciones erróneas en el alma. Estas explicaciones, y otras que se les parecen, no me dejan de parecer forzadas, destinadas a mantener viva la idea del alma. Aún así, no pueden ser negadas a priori. Pero cuando medito sobre ellas, no puedo evitar preguntar: ¿qué fue entonces lo que motivo a los antiguos a crear sus originales conceptos del alma? Los conceptos de los cuales se inspiran los nuestros.
No hay una sola explicación posible, es decir, no hay una sola interpretación de los hechos. Sea del alma u otra cosa. Podemos inventarnos las que sean. Una entre muchas. Mientras no tengamos algo que las confirme o las niegue, ¿por qué darles prioridad? ¿Somos capaces de notar que preferir una respuesta sobre las demás sería irracional? Decir que nuestra intuición nos habla de su veracidad no es una respuesta. ¿Qué se podría responder si digo que yo y muchos "sentimos" poderosamente que algo que otro considera verdad es falso? ¿Qué se puede contestar al ser consciente de que mucha gente siente infinidad de cosas, con tanta o más fuerza que usted y que yo, sobre temas tan diversos? ¿Qué pasa si esos sentimientos son contradictorios entre individuos (como así sucede)? La gran mayoría de las ideas religiosas y místicas entra en conflicto con otras, y muchas veces esas ideas son irreconciliables. Esto tiene grandes implicaciones. Podemos preguntarnos cuál es la buena razón que hace a unos u otros considerar su interpretación verdadera sobre las demás. La respuesta que encontramos suele ser que lo “sienten”. Qué satisface una clase de necesidad existencial “irreducible”. ¿Todo lo que se siente con fuerza es verdad? En este aspecto existe uno de esos dogmas centrales que, una vez creídos, nos abren las puertas a muchos sinsentidos: la intensidad con la que sentimos algo nos indica su veracidad. Pero, ¿es así?
Supongamos que realmente existen esas "percepciones" que revelan algo sobre la verdad. Que las intuiciones realmente revelan algo del mundo por medios desconocidos. Esto ya es decir mucho. Aún así, no podríamos negar un hecho: existirían sensaciones similares que no serían inspiradas. ¿De qué otra forma podríamos explicar las equivocaciones? ¿Cómo olvidar las intuiciones que se contradicen entre sí?
Aunque esas percepciones existieran. ¿Sería sensato dejarnos llevar solo por ellas? Eso equivaldría a olvidar las intuiciones falsas, la verificación sensorial y la razón. Suena a locura, y sin embargo, esta manera de pensar está sutilmente introducida en la ideología del New Age.
No importa si lo sentimos poco o mucho. No importa si nos fascina o no. Si nos cambio la vida o no. Si creemos que aumento nuestra perspectiva del mundo o no. Si nos funciona o no. Eso no tiene nada que ver con su veracidad.
Según mi experiencia, eso que en los círculos místicos se llama conocimiento, no es otra cosa que su gran filiación, sentimiento, e inclinación hacia su filosofía del mundo. Es un remolino de sentimientos y sensaciones inmensamente fuerte, más que un conjunto de conocimientos. Imaginemos su sentir al convivir con compañeros de ideas afines. Imaginemos la satisfacción, o la sensación de prodigio. Su vértigo al meditar. La cómoda y estable visión del universo. Todo ello es muy persuasivo. A mí juicio, esos conocimientos son dogmas. Y el sentimiento, aquello que los hace ver verdaderos. Desde luego, podría estar equivocado.
Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender
, reza el Kybalion. Ahí va otra: Si sois verdaderos estudiantes o discípulos, comprenderéis y podréis aplicar estos principios; si no, debéis desarrollarlos, pues de otra manera las enseñanzas herméticas no serán para vosotros sino "palabras, palabras, palabras"
. Otra: Los hermetistas nunca han deseado ser mártires, sino que, por el contrario, han permanecido retirados, silenciosos y sonrientes ante los esfuerzos de algunos que se imaginaban, en su ardiente entusiasmo, que podían forzar a una raza de bárbaros a admitir verdades que solo pueden comprender los que han avanzado mucho en el Sendero.
Cuando uno lee casi cualquier texto de temática esotérica, es fácil encontrar autoritarias frases que nos ilustran como, si alguien no comprende o acepta las enseñanzas, es por cuestión de su poca evolución espiritual o mermada capacidad de comprensión. Si alguien no está de acuerdo o pone objeciones, es fácil asociarlo a su "poco avance" o "discernimiento". Cuando uno cree ese dogma es capaz de creer en cualquier otra cosa asociada, por disparatada que sea. Ese tipo de frases tienen una función: si usted siente que comprende, tendrá la satisfacción de pensar que es "adelantado" o "especial". Le darán seguridad. Pero en el fondo son razonamientos circulares. Solo tienen sentido si damos por hecho que la doctrina es verdadera.
Las percepciones que comenté al principio, aquellas sobre las que se basa nuestra percepción de la realidad, donde una sensación es verificada por otra, también tienen un carácter circular. Esta circunstancia condena al hombre a una perpetua incertidumbre. Si deseamos entender como funciona el mundo, no nos queda más remedio que tratar de desenredar este galimatías. Eso sí, con algo más que sólo corazonadas.