Claves para entender códices prehispánicos

Nacimiento de los dioses. Códice Vindobonensis.
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No hay escrituras indescifrables, cualquier sistema de escritura producida por el hombre puede ser leído por el hombre.

Y. Knórosov

Los códices prehispánicos son manuscritos de los antiguos mesoamericanos, hechos a partir de glifos y pensados para conservar la memoria de eventos cosmogónicos, rituales y calendáricos. Aunque su contenido ha sido casi indescifrable por muchos años, estudios contemporáneos han arrojado fechas, nombres de lugares y hallazgos importantes.

Los códices son atractivos porque se trata de fuentes históricas primarias. Son fragmentos de historia a los que podemos asomarnos directamente. Sin embargo, resulta intimidante el grado de especialización que se necesita para su interpretación. Las siguientes claves pueden hacer que entiendas algunas cuestiones básicas para acercarte a ellos:

  1. No todos los códices que se conservan son prehispánicos. Hay otros que, con otros propósitos y otras técnicas, se hicieron después de la Conquista, como el Mendocino. Incluso hay personas que en la actualidad poseen códices como documento ejidal.
  2. Los códices de origen prehispánico son quince y pertenecen a las áreas maya, mixteco-zapoteca, olmeca, teotihuacana y región norte. Por supuesto había muchos más pero se destruyeron en quemas masivas que eran «autos de fe», la más conocida es la «quema de Maní» que le ha valido tantos odios a Diego de Landa.
  3. Los códices no son para «mirar» sino para «ser leídos». No son «dibujos», ni representaciones, tampoco ideogramas. Se trata de imágenes que al mismo tiempo son escritura, hecha de grupos plásticos y fonéticos. Los colores indican sonidos y puede reconocerse en ellos oraciones completas, con sujeto, verbo y complemento.
    La séptima señora de la noche, Tlazoltéotl, diosa de la sexualidad. En Códice Vaticano B.

    La séptima señora de la noche, Tlazoltéotl, diosa de la sexualidad. En Códice Vaticano B.

  4. Los códices están formados por glifos, que es cada una de las «figuras» que lo integran. En realidad los glifos ya tienen una serie de elementos que los hacen «minicódices» como los topónimos o nombres de lugares.
    Topónimo de Chapultepec, "en el cerro donde hay grillos"

    Topónimo de Chapultepec, “en el cerro donde hay grillos”

  5. La lectura de los códices debe hacerse en la lengua original (náhuatl, mixteco, maya, etc.) y sólo después, traducirse a otras lenguas. Un nahuatlato, por ejemplo, es capaz de comprender mejor no solamente las palabras sino la superposición de imágenes porque su lengua es aglutinante.

    Los puntitos de la vírgula significan “hablar arenoso”, alguien que no habla bien el náhuatl, como un extranjero.

  6. Las pinturas eran hechas en soportes rígidos como piedra, madera, etc., o flexibles, como pieles de animales y, sobre todo, de papel amate, que es corteza de árbol adelgazada. Se preparaba con una capa de estuco blanca y se escribía encima, con esto se lograba uniformidad y mejor duración de los colores. Los pigmentos podían ser de origen vegetal (como el añil), animal (como la grana cochinilla) o mineral (como el cinabrio).
  7. Los antiguos Tlacuilos, o escribas, no eran malos dibujantes, como consideraron algunos Cronistas españoles. Sus representaciones tenían una convención plástica particular en que las posiciones tenían significado y respondían a un código cromático que no buscaban realismo sino legibilidad.
  8. La lectura de los códices se hace en bustrofedón que es un orden «en viborita». Hay ocasiones en que el tamaño de las figuras indica que debe iniciarse con las mayores. En otros casos se lee de afuera hacia adentro.
    Interpretación del Códice Vindobonensis donde se indica con números el orden de la lectura.

    Interpretación del Códice Vindobonensis donde se indica con números el orden de lectura del folio que encabeza esta entrada.

  9. Contrario a lo que se piensa, no hay un especialista que pueda tomar un códice y leerlo fluidamente como si se tratara de escritura alfabética. Han existido muchos intentos fallidos, malas interpretaciones y prejuicios. A partir del siglo XX hay propuestas esperanzadoras de lectura, entre ellas la de Joaquín Galarza y la de Yuri Knórosov en el área maya.
  10. Los códices no están en México. Muchos de ellos fueron obsequiados o adquiridos por coleccionistas en épocas en que no estaba regulada la migración de patrimonio cultural. Queda como consuelo revisar sus facsimilares, que intentan recrear a los originales en estructura, presentación e incluso en su deterioro. Estas ediciones pueden comprarse, o consultarse en bibliotecas públicas, e incluyen una interpretación que guía su estudio.
    Vaticano-p2

    Interpretación al Códice Vaticano B, edición del FCE.

Para quienes no podemos adquirirlos hay acceso en Internet a los códices completos a través de los siguientes recursos:

http://www.famsi.org/spanish/research/graz/

https://www.wdl.org/es/

http://www.iifl.unam.mx/wikfil/index.php/Portada

No he hecho más que una introducción somera a un tema muy amplio. Si te interesa conocer más sobre la decodificación de códices, aquí está un documental interesante:


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Jojana

Maestra en Literatura Comparada (UNAM). Interesada en teoría, crítica, creación literaria así como en la relación entre las artes y entre literatura y ciencia.

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