¿Sólo somos números?

Ecuación
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La expresión «sólo somos números», es una frase hecha que, como muchas de su tipo, tiene un significado impreciso y poco reflexionado. Se le da un uso coloquial, del tipo de «¡Dios mío!» o «Virgen santa» cuando algo le sorprende incluso a un ateo, sin que su intención sea religiosa sino superlativa.

Efectivamente, las frases que aluden a que una persona sea un número, son usadas trivialmente y no es un «pecado», pero también reflejan aquello que estamos entendiendo acerca de los números y su papel en nuestras vidas pues, en este caso, la intención va más allá del sarcasmo. El común de las personas sí cree negativo —y hasta peyorativo— ser un número, puesto que no serlo es la aspiración implícita en el dicho. Su sentido se basa en una antítesis: «somos» y «números», en la que nuestro ser, nuestra «alma» es diferente al «vacío» guarismo.

Anteponerle el adverbio «sólo», quiere decir que ser número es poca cosa, que podemos ser considerados mucho más. Eso es, se deduce, ser «humanos». Entonces lo humano es lo opuesto a lo numérico y eso enfrenta, otra vez, a dos culturas: concretamente las matemáticas y las humanidades. Es una gran imprecisión y lo peor es que ocurre por ignorancia.

«Somos un número más» o «sólo somos un número», se usa en diversos contextos, principalmente en el político, para indicar que:

  1. no tenemos personalidad o no somos considerados como personas
  2. no tenemos importancia alguna en la realidad
  3. somos uno más entre muchos otros entes

Casi siempre después de estas frases se dice «… para ellos». Se entiende que quien considera un número a otro, puede ser un abusivo que no toma en cuenta las necesidades humanas. Por ejemplo: un oportunista manipulando cifras sobre su trabajo para que una estadística le favorezca, a pesar de no corresponder con la realidad de su gobierno. Esto, debe quedarnos claro, responde a intenciones corruptas que pueden valerse tanto de números como de palabras e incluso de factores mucho más subjetivos como el chantaje, la mentira, etc.

Una vez que nos ponemos en el lugar de quiénes usan la expresión, hay que decir que los números tienen complejidades y aspectos interesantes por sí mismos, se muestran camaleónicos y flexibles ante cada situación, de ahí que las teorías relacionadas con ellos hayan sido refutadas drásticamente más de una vez. Un número hace grandes diferencias y no son precisamente sustituibles. Tienen tanta importancia que en ellos están basadas las tecnologías que operan actualmente el mundo, desde las computadoras hasta la predicción de fenómenos meteorológicos y la comprensión del funcionamiento neuronal.

Ser un número no es una vergüenza, tampoco formar «parte de la estadística» lo cual, por cierto, es inevitable porque coexistimos con millones de seres vivos, con muchos de los cuales tenemos coincidencias relevantes. Entonces, ser número no tendría por qué ser algo estático y sin expresión. Algo similar sucede con «son solo palabras y no hechos», como si los «actos» de habla no significaran traer a la existencia a las cosas.

Por otro lado, los seres humanos, ¿no somos uno más?, ¿por qué tendríamos que ser diferentes en el ámbito físico, si cuando llegamos al mundo ya eran millones? Más preciso seria decir «también somos», estamos todos juntos y nuestro ser es definido, desde sus limites corporales hasta la compleja y singular personalidad, en relación a los otros que nos hacen ser. «Somos» respecto de la realidad y de los «otros» sin los cuales sería inconcebible nuestra propia imagen.

Los números están de maneras invisibles en el funcionamiento de muchas cosas, es un lenguaje cuyo dominio nos ha hecho comprender patrones en la naturaleza y en los astros. A pesar de que no los vemos, las matemáticas y los cálculos están en nuestra vida, por eso es aún más necio el hecho de despreciarlos con frases que tomamos a la ligera sin detenernos a pensar en lo poco que comprendemos acerca de ellos.

El lenguaje popular es enriquecedor y revelador de las culturas, pero tiene detrás ideologías y carencias en las que debemos pensar con mayor detenimiento. Las frases hechas, como a la que aquí aludo, sí son una manera de uniformar el lenguaje. Los refranes, por ejemplo, son empleados muy bien por algunos, al grado de la genialidad, es casi como si acabaran de inventar las palabras sólo por haber seleccionado muy bien el momento de decirlas. Son importantes muestras de sabiduría popular y de literatura oral, pero también se usan de manera completamente errónea, mal puestos, mal dichos, fuera de contexto, compensando la falta de vocabulario o de opiniones originales. Si pasa con los refranes, mucho más con frases que provienen de contextos menos universales y que no tienen detrás la elaboración retórica de un buen refrán. Eso suele estandarizar el discurso y las creencias, mucho más que los números de los que tanto desconocemos. La ignorancia sí nos hace presas del anonimato y de la subestimación.

Sí somos números, también palabras, gestos, sonidos, conexiones, dendritas, movimiento y muchos otros factores tanto fisiológicos como circunstanciales que forman nuestra personalidad. Somos números. En afirmarlo hay ya cierta maravilla de reconocimiento y autocomprensión.

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Jojana

Maestra en Literatura Comparada (UNAM). Interesada en teoría, crítica, creación literaria así como en la relación entre las artes y entre literatura y ciencia.

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