Escéptica.net

Blog

8 de julio de 2010

Dejando atrás a los dioses (II)

2 En total

Capítulo 1:
La evolución de mi pensamiento irreligioso

Ayn Rand

Realmente, si quiero resumir mi actitud hacia la cuestión de Dios, es esta: Por todo lo que sé, la definición de Dios es “lo que la mente humana no puede entender”. Siendo una racionalista, de mente literal, y creyendo que es una obligación moral el creer realmente lo que uno dice, tomo literalmente la palabra a los que dan esta definición, estoy de acuerdo con ellos y les obedezco: No lo entiendo.

Ayn Rand

El conflicto entre razón y fe, entre incredulidad y creencia religiosa, no acapara el interés de la población. Al menos la parte del conflicto dirigida a las grandes masas. No creo que personas que defiendan una u otra posición se sientan representadas en tal batalla.

De cara al gran público, lo que solemos ver hoy día parece ser una defensa por la ciencia, al menos, donde las afirmaciones científicas chocan frontalmente con el dogma religioso tradicional. Así, podemos encontrar a Richard Dawkins defendiendo la teoría de la evolución ante el creacionismo científico o el literalismo bíblico. O bien a George Carlin y Bill Maher mostrando lo absurdas que pueden llegar a ser las visiones religiosas más tradicionales y fundamentalistas.

Las posturas expuestas en esta visión del conflicto, no representan al sector de la población que no es literalista bíblico o creacionista, a pesar de ser creyente. Las posturas fundamentalistas que ellos tratan con frecuencia son relevantes, porque ejercen una gran influencia en la sociedad, sobre todo la estadounidense, donde se centra gran parte de su trabajo y se libran grandes batallas sobre qué teoría de la vida enseñar a los niños en la escuela. Considero que es deseable la existencia de este enfoque. Pero hay un sector importante de la población, tanto creyente como no-creyente, que no se siente identificada con esta visión, lo que presta un flaco servicio a su propósito.

Para el creyente testigo casual de estas manifestaciones, el agnóstico o ateo puede ser un bobo carente de imaginación y profundidad, incapaz de comprender que la religión no está restringida por los límites tradicionales impuestos por el cristianismo, o cualquier otra de las grandes religiones. Para el no-creyente, el devoto quizá aparente ser un despistado, crédulo e irracional. Pero nosotros sabemos que ninguna de estas dos asunciones se cumple necesariamente.

Abordar la problemática desde una perspectiva más incluyente resulta difícil. ¡Vaya si resulta difícil! Con frecuencia, los propios creyentes no se ponen de acuerdo por simples cambios de matiz en sus apreciaciones. ¿Cómo se podría generalizar, digamos, un concepto de Dios con el que todos estén de acuerdo?

Dios es un tema de tal envergadura, que intentar dibujarlo aquí del todo sería imposible. Es tan dinámico y tan variado como todas las mentes del mundo juntas. Hay conceptos de Dios prosaicos, así como los hay también muy profundos y sublimes, al menos en un sentido muy artístico, místico y emocional.

Resulta muy difícil hacer afirmaciones generales sobre la creencia en Dios, salvo que nos ciñamos a un sistema de creencias en particular. Al ser esta una sociedad de influencia cristiana, el público se ve tentado a concebir a Jesús, al amor divino, al alma inmortal o al pecado, como objetos irreductibles de la religión. No es así. Existen religiones sin Jesús, y no es difícil hacer especulaciones religiosas sin amor divino, inmortalidad, o el tradicional significado del pecado.

He resuelto que la mejor forma de dar a entender mi pensamiento irreligioso es comenzar por describir muy brevemente y de forma cronológica su evolución.

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

5 de julio de 2010

Dejando atrás a los dioses (I)

3 En total

Introducción

Ayn Rand

No digas que tienes miedo de confiar en tu mente porque sabes tan poco. ¿Estás más seguro abdicando ante los místicos y descartando lo poco que sabes?. Vive y actúa dentro de los límites de tu conocimiento, y continúa expandiéndolo hasta el fin de tus días. Redime tu mente de la casa de empeños de la autoridad. Acepta la verdad de que no eres omnisciente, pero que convertirte en un zombi no te dará omnisciencia —que tu mente es falible, pero abandonarla no te dará infalibilidad— que un error al que hayas llegado tú mismo es más seguro que diez verdades aceptadas por la fe, porque el primero te deja con los medios para corregirlo, pero las segundas destruyen tu capacidad para distinguir la verdad del error.

Ayn Rand1

Con esta entrada inicio una larga serie de textos ensayísticos destinada a explicar, tan bien y tan rigurosamente como me sea posible, el porqué no soy un creyente en el sentido religioso del término, y cómo todo esto se relaciona con incipientes ideas sobre nosotros y sobre nuestra existencia.

Es un gran reto personal, pues jamás me había propuesto escribir un documento tan largo, que desmenuzara mis pensamientos como lo pretendo hacer aquí.

El espíritu de estos escritos se resume en dos cosas. Por una parte, es un homenaje a la razón, a la lógica, y al pensamiento crítico. Por otro lado, es un depósito de ideas impopulares que al ir en contra de muchas creencias, son frecuentemente despreciadas y silenciadas.

Es una declaración de creencias, pero también es una declaración de razones. Es el porqué pienso lo que pienso. Las razones que me hacen concebir al mundo como lo concibo, y las que me hacen no compartir las creencias de muchos otros.

Han sido muchas las causas que desembocan en la creación de la presente serie. Las primeras que llegan a mi memoria son: una incontenible necesidad de expresión y la poca difusión que tienen pensamientos similares a los que se expondrán aquí.

No creo que exista nada fundamentalmente original en lo que diré. Me doy completa libertad a la hora de presentar mis ideas. Si bien intento que mis conclusiones se encuentren expresadas de forma rigurosa, no reparo en hacer propuestas aventuradas o disparatadas, que de alguna forma creo plausibles.

Nada aquí pretende tener un tono arrogante. Simplemente es el vaciado de una necesidad: la de expresión. Todo es mi punto de vista. No pretende hacer prosélitos. No pretende convencer a nadie. Solo obedece a mi pensamiento deseoso de salir.

Javier Garduño C.


1 No se insista en pensar que soy un individualista o capitalista recalcitrante, tan solo por citar a Ayn Rand. Si sus frases son usadas aquí, lo son porque las consideré la mejor expresión del punto que me propuse exponer, aquí y a lo largo de todo este conjunto de documentos. Y así será con cada uno de los autores citados.

 

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

24 de junio de 2010

El peligro de una sola historia

4 En total

Ahora que está de moda África, me encantaría presentar esta TED Talk que me ha parecido fascinante. Cito: Nuestras vidas, nuestras culturas, están hechas de muchas historias interrelacionadas. La novelista Chimamanda Adichie cuenta cómo encontró su voz cultural auténtica y advierte que si sólo escuchamos una historia sobre una persona o un país, corremos el riesgo de caer en una incomprensión grave.

(No olvides activar los subtítulos)

(Si no puedes ver el vídeo, haz clic aquí o aquí)

Transcripción del vídeo

Cuento historias. Y me gustaría contarles algunas historias personales sobre lo que llamo “el peligro de una sola historia”. Crecí en un campus universitario al este de Nigeria. Mi madre dice que comencé a leer a los dos años, creo que más bien fue a los cuatro años, a decir verdad. Fui una lectora precoz y lo que leía era literatura infantil inglesa y estadounidense.

También fui una escritora precoz. Cuando comencé a escribir, a los siete años, cuentos a lápiz con ilustraciones de crayón, que mi pobre madre tenía que leer, escribí el mismo tipo de historias que leía. Todos mis personajes eran blancos y de ojos azules, que jugaban en la nieve, comían manzanas (Risas) y hablaban seguido sobre el clima: “qué bueno que el sol ha salido.” (Risas) Esto a pesar de que vivía en Nigeria y nunca había salido de Nigeria, no teníamos nieve, comíamos mangos y nunca hablábamos sobre el clima porque no era necesario.

Mis personajes bebían cerveza de jengibre porque los personajes de los libros que leía, bebían cerveza de jengibre. No importaba que yo no supiera qué era. (Risas) Muchos años después, sentí un gran deseo de probar la cerveza de jengibre; pero esa es otra historia.

Creo que esto demuestra cuán vulnerables e influenciables somos ante una historia, especialmente en nuestra infancia. Porque yo sólo leía libros en que los personajes eran extranjeros, estaba convencida de que los libros, por naturaleza, debían tener extranjeros, y narrar cosas con las que yo no podía identificarme. Todo cambió cuando descubrí los libros africanos. No había muchos disponibles y no eran fáciles de encontrar como los libros extranjeros.

Gracias a autores como Chinua Achebe y Camara Laye mi percepción mental de la literatura cambió. Me dí cuenta que personas como yo, niñas con piel color chocolate, cuyo cabello rizado no se podía atar en colas de caballo, también podían existir en la literatura. Comencé a escribir sobre cosas que reconocía.

Yo amaba los libros ingleses y estadounidenses que leí, avivaron mi imaginación y me abrieron nuevos mundos; pero la consecuencia involuntaria fue que no sabía que personas como yo podían existir en la literatura. Mi descubrimiento de los escritores africanos me salvaron de conocer una sola historia sobre qué son los libros.

Mi familia es nigeriana, convencional de clase media. Mi padre fue profesor, mi madre fue administradora y teníamos, como era costumbre, personal doméstico de pueblos cercanos. Cuando cumplí ocho años, un nuevo criado vino a casa, su nombre era Fide. Lo único que mi madre nos contaba sobre él era que su familia era muy pobre. Mi madre enviaba batatas y arroz, y nuestra ropa vieja, a su familia. Cuando no me acababa mi cena, mi madre decía “¡Come! ¿No sabes que la familia de Fide no tiene nada?” Yo sentía gran lástima por la familia de Fide.

Un sábado, fuimos a visitarlo a su pueblo, su madre nos mostró una bella cesta de rafia teñida hecha por su hermano. Estaba sorprendida, pues no creía que alguien de su familia pudiera hacer algo. Lo único que sabía es que eran muy pobres y era imposible verlos como algo más que pobres. Su pobreza era mi única historia sobre ellos.

Años después, pensé sobre esto cuando dejé Nigeria para ir a la universidad en EE.UU. Tenía 19 años. Había impactado a mi compañera de cuarto estadounidense, preguntó dónde había aprendido a hablar inglés tan bien y estaba confundida cuando le dije que en Nigeria el idioma oficial resultaba ser el inglés. Me preguntó si podría escuchar mi “música tribal” y se mostró por tanto muy decepcionada cuando le mostré mi cinta de Mariah Carey. (Risas) Ella pensaba que yo no sabía usar una estufa.

Me impresionó que ella sintiera lástima por mí incluso antes de conocerme. Su posición por omisión ante mí, como africana, se reducía a una lástima condescendiente. Mi compañera conocía una sola historia de África, una única historia de catástrofe; en esta única historia, no era posible que los africanos se parecieran a ella de ninguna forma, no había posibilidad de sentimientos más complejos que lástima, no había posibilidad de una conexión como iguales.

Debo decir que antes de ir a EE.UU., yo no me identificaba como africana. Pero allá, cuando mencionaban a África, me hacían preguntas, no importaba que yo no supiera nada sobre países como Namibia; sin embargo llegué a abrazar esta nueva identidad y ahora pienso en mí misma como africana. Aunque aún me molesta cuando se refieren a África como un país. Un ejemplo reciente fue mi, de otra forma, maravilloso vuelo desde Lagos, hace dos días, donde hicieron un anuncio durante el vuelo de Virgin sobre trabajos de caridad en “India, África y otros países”. (Risas)

Así que después de vivir unos años en EE.UU. como africana, comencé a entender la reacción de mi compañera. Si yo no hubiera crecido en Nigeria y si mi impresión de África procediera de las imágenes populares, también creería que África es un lugar de hermosos paisajes y animales, y gente incomprensible, que libran guerras sin sentido y mueren de pobreza y SIDA, incapaces de hablar por sí mismos, esperando ser salvados por un extranjero blanco y gentil. Yo veía a los africanos de la misma forma en que, como niña, vi la familia de Fide.

Creo que esta historia única de África procede de la literatura occidental. Ésta es una cita tomada de los escritos de un comerciante londinense, John Locke, que zarpó hacia África Occidental en 1561 y escribió un fascinante relato sobre su viaje. Después de referirse a los africanos negros como “bestias sin casas”, escribió: “Tampoco tienen cabezas, tienen la boca y los ojos en sus pechos.”

Me río cada vez que leo esto y hay que admirar la imaginación de John Locke. Pero lo importante es que representa el comienzo de una tradición de historias sobre africanos en Occidente. donde el África Subsahariana es lugar de negativos, de diferencia, de oscuridad. de personas que, como dijo el gran poeta Rudyard Kipling, son “mitad demonios, mitad niños.”

Comencé a entender a mi compañera estadounidense, que durante su vida debió ver y escuchar diferentes versiones de esta única historia, al igual que un profesor, quien dijo que mi novela no era “auténticamente africana”. Yo reconocía que había varios defectos en la novela, que había fallado en algunas partes, pero no imaginaba que había fracasado en lograr algo llamado autenticidad africana. De hecho, yo no sabía qué era la autenticidad africana. El profesor dijo que mis personajes se parecían demasiado a él, un hombre educado, de clase media. Mis personajes conducían vehículos, no morían de hambre; entonces, no eran auténticamente africanos.

Debo añadir que yo también soy cómplice de esta cuestión de la historia única. Hace unos años, viajé desde EE.UU. a México. El clima político en EE.UU. entonces era tenso, había debates sobre la inmigración. Y como suele ocurrir en EE.UU., la inmigración se convirtió en sinónimo de mexicanos. Había historias infinitas donde los mexicanos se mostraban como gente que saqueaba el sistema de salud, escabulléndose por la frontera, que eran arrestados en la frontera, cosas así.

Recuerdo una caminata en mi primer día en Guadalajara mirando a la gente ir al trabajo, amasando tortillas en el mercado, fumando, riendo. Recuerdo que primero me sentí un poco sorprendida y luego me embargó la vergüenza. Me dí cuenta que había estado tan inmersa en la cobertura mediática sobre los mexicanos que se habían convertido en una sola cosa, el inmigrante abyecto. Había creído en la historia única sobre los mexicanos y no podía estar más avergonzada de mí. Es así como creamos la historia única, mostramos a un pueblo como una cosa, una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso.

Es imposible hablar sobre la historia única sin hablar del poder. Hay una palabra del idioma Igbo, que recuerdo cada vez que pienso sobre las estructuras de poder en el mundo y es “nkali”, es un sustantivo cuya traducción es “ser más grande que el otro”. Al igual que nuestros mundos económicos y políticos, las historias también se definen por el principio de nkali. Cómo se cuentan, quién las cuenta cuándo se cuentan, cuántas historias son contadas en verdad depende del poder.

El poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que esa sea la historia definitiva. El poeta palestino Mourid Barghouti escribió que si se pretende despojar a un pueblo la forma más simple es contar su historia y comenzar con “en segundo lugar”. Si comenzamos la historia con las flechas de los pueblos nativos de EE.UU. y no con la llegada de los ingleses, tendremos una historia totalmente diferente. Si comenzamos la historia con el fracaso del estado africano, y no con la creación colonial del estado africano, tendremos una historia completamente diferente.

Hace poco di una conferencia en una universidad donde un estudiante me dijo que era una lástima que los hombres de Nigeria fueran abusadores como el personaje del padre en mi novela. Le dije que acababa de leer una novela llamada “Psicópata Americano” (Risas) y era una verdadera lástima que los jóvenes de EE.UU. fueran asesinos en serie. (Risas) (Aplausos) Obviamente, estaba algo molesta cuando dije eso. (Risas)

Jamás se me habría ocurrido que sólo por haber leído una novela donde un personaje es un asesino en serie de alguna forma él era una representación de todos los estadounidenses. Ahora, no es porque yo sea mejor persona que ese estudiante, sino que, debido al poder económico y cultural de EE.UU., yo había escuchado muchas historias sobre EE.UU. Leí a Tyler y Updike, Steinbeck y Gaitskill, no tenía una única historia de EE.UU.

Hace años, cuando supe que se esperaba que los escritores tuvieran infancias infelices para ser exitosos, comencé a pensar sobre cómo podría inventar cosas horribles que mis padres me habían hecho. (Risas) Pero la verdad es que tuve una infancia muy feliz, llena de risas y amor, en una familia muy unida.

Pero también tuve abuelos que murieron en campos de refugiados, mi prima Polle murió por falta de atención médica, mi amiga Okoloma murió en un accidente de avión porque los camiones de bomberos no tenían agua. Crecí bajo regímenes militares represivos que daban poco valor a la educación, por lo que mis padres a veces no recibían sus salarios. En mi infancia, vi la jalea desaparecer del desayuno, luego la margarina, después el pan se hizo muy costoso, luego se racionó la leche; pero sobre todo un miedo político generalizado invadió nuestras vidas.

Todas estas historias me hacen quien soy, pero si insistimos sólo en lo negativo sería simplificar mi experiencia, y omitir muchas otras historias que me formaron. La historia única crea estereotipos y el problema con los estereotipos no es que sean falsos sino que son incompletos. Hacen de una sola historia la única historia.

Es cierto que África es un continente lleno de catástrofes, hay catástrofes inmensas como las violaciones en el Congo y las hay deprimentes, como el hecho de que hay 5,000 candidatos por cada vacante laboral en Nigeria. Pero hay otras historias que no son sobre catástrofes y es igualmente importante hablar sobre ellas.

Siempre he pensado que es imposible compenetrarse con un lugar o una persona sin entender todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia de la historia única es ésta: roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes.

¿Qué hubiera sido si antes de mi viaje a México yo hubiese seguido los dos polos del debate sobre inmigración, el de EE.UU. y el de México? ¿Y si mi madre nos hubiera contado que la familia de Fide era pobre y trabajadora? ¿Y si tuviéramos una cadena de TV africana que transmitiera diversas historias africanas en todo el mundo? Es lo que el escritor nigeriano Chinua Achebe llama “un equilibrio de historias”.

¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi editor nigeriano, Mukta Bakaray, un hombre extraordinario, que dejó su trabajo en un banco para ir tras sus sueños y fundar una editorial? Se decía comúnmente que los nigerianos no leen literatura, él no estaba de acuerdo, pensaba que las personas que podían leer, leerían si la literatura estaba disponible y era asequible.

Después de que publicó mi primera novela fui a una estación de TV en Lagos para una entrevista. Una mujer que trabajaba allí como mensajera me dijo: “Realmente me gustó tu novela, no me gustó el final; ahora debes escribir una secuela y esto es lo que pasará…” (Risas) Siguió contándome sobre qué escribiría en la secuela. Yo no sólo estaba encantada sino conmovida, estaba ante una mujer de las masas de nigerianos comunes, que no se suponían eran lectores. No sólo había leído el libro, se había adueñado de él y sentía que era justo contarme qué debería escribir en la secuela.

¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi amiga Fumi Onda, la valiente conductora de un programa de TV en Lagos, determinada a contarnos las historias que quisiéramos olvidar? ¿Si mi compañera de cuarto conociera la cirugía cardíaca hecha en un hospital de Lagos la semana pasada? ¿Si conociera la música nigeriana contemporánea? Gente talentosa cantando en inglés y pidgin, en igbo, yoruba y ljo, mezclando influencias desde Jay-Z a Fela a Bob Marley hasta sus abuelos. ¿Y si conociera a la abogada que recientemente fue a la corte en Nigeria para cuestionar una ridícula ley que requería que las mujeres tuvieran la aprobación de sus esposos para renovar sus pasaportes? ¿Y si conociera Nollywood, lleno de gente creativa haciendo películas con grandes limitaciones técnicas? Estas películas son tan populares que son el mejor ejemplo de que los nigerianos consumen lo que producen. ¿Y si mi compañera de cuarto conociera a mi ambiciosa trenzadora de cabello, quien acaba de iniciar su negocio de extensiones? O sobre el millón de nigerianos que comienzan negocios y a veces fracasan, pero siguen teniendo ambiciones?

Cada vez que regreso a casa debo confrontar las causas de irritación usuales para los nigerianos: nuestra fallida infraestructura, nuestro fallido gobierno. Pero me encuentro con la increíble resistencia de un pueblo que prospera a pesar de su gobierno y no por causa de su gobierno. Dirijo talleres de escritura en Lagos cada verano y es impresionante ver cuánta gente se inscribe, cuántos quieren escribir, contar historias.

Mi editor nigeriano y yo creamos un fondo sin fines de lucro llamado Fondo Farafina. Tenemos grandes sueños de construir bibliotecas reformar las bibliotecas existentes, y proveer libros a las escuelas estatales que tiene sus bibliotecas vacías, y de organizar muchos talleres de lectura y escritura, para todos los que quieran contar nuestras muchas historias. Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar esa dignidad rota.

La escritora estadounidense Alice Walker escribió esto sobre su familia sureña que se había mudado al norte. Les dio un libro sobre la vida sureña que dejaron atrás: “Estaban sentados, leyendo el libro, escuchándome leer y recuperamos una suerte de paraíso.” Me gustaría terminar con este pensamiento: cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso. Gracias. (Aplausos)

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

23 de junio de 2010

La letras de luto

0 En total

José Saramago Carlos Monsiváis

No agregaré nada a lo que ya han dicho muchos. Tan solo un pequeño homenaje a quienes nos han dejado.

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

8 de junio de 2010

La muerte

4 En total

Muerte

La idea de desaparecer, concebir un mundo futuro donde el yo se halla totalmente ausente, resulta a veces perturbador.

¿No es acaso poderosa la idea de que el todo que yo soy se vuelva nada?

A pesar de su cotidianidad, la inmensa mayoría de la población está anestesiada y ciega a la idea de la muerte. Para ella la muerte no existe. La muerte es solo un paso, dicen. ¿No es acaso evidente que la frase es la desesperada manifestación de un deseo? ¿Quién osaría aniquilarse, cuando al menos podría conservar la posibilidad de matarse?

El creyente en la vida futura no conoce la muerte, no concibe la aniquilación. La palabra está en su mente, pero no el significado. Más que al infierno mismo, lo que el creyente teme es la desaparición. Ésta le sugiere la ausencia de propósito, la carencia de sentido a la que tiene temor metafísico. Es la realización de su más grande pavor.

Lo más interesante: no lo sabe.

Aquél que ha visto como posibilidad real la existencia de la aniquilación no lo olvida jamás. Contrario a lo que parece, es la reafirmación más poderosa concebible de la vida. ¿Qué más puede tener valor sino lo que termina? ¿Qué es más valioso que aquello que puede no ser?

Nuestra sed de absolutos no tolera la idea de lo efímero como real. Si descubrimos que el amor termina, decimos que el amor no existe. Si descubrimos que termina la vida, concluimos que no es vida de verdad.

¿Es que la existencia del último día resta valor al amanecer? ¿No antes lo hace más valioso, en tanto que algún día no será más?

Creyente e incrédulo viven en universos ajenos y disjuntos. Son incompatibles, no se pueden hablar. No se entienden. Las palabras fluyen, pero el significado se pierde en el aire.

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

24 de mayo de 2010

Adiós a Martin Gardner

1 En total

Martin Gardner

El sábado pasado fue el último día de Martin Gardner. Uno de los grandes en la difusión del pensamiento crítico. Su trabajo fue inspiración para la creación del antiguo CSICOP, el Comité para la Investigación Científica de las Aseveraciones de lo Paranormal.

No hay mucho que decir. Tan solo manifestar nuestra admiración y el conocimiento que nos ha dado por el simple hecho de su existencia.

Lo cito, expresando el deseo de hacer estas palabras mías y de este sitio donde tengo el honor de tu visita:

No espero que ninguno de mis libros, y tampoco este, altere la manera de pensar de nadie, pero si alguna vez ayudan a un lector receptivo a descartar una creencia insensata, habrán servido para algo más que para proporcionar entretenimiento y risas a los escépticos.

Martin Gardner

Categorías: :: Enlace permanente
Compartir:  Facebook  Del.icio.us  Technorati  Twitter  Google Buzz

Frase aleatoria

Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.

Mario Benedetti

Yo

Su anfitrión

Humano. Obsesionado con la realidad. Viviendo la construcción diaria de su propósito.

Licencia

CC

Salvo que se indique lo contrario, el contenido del sitio está bajo una licencia de Creative Commons.

Atheist

Javier Garduño C. 2010