Roma no es clasista. Eres tú

Roma

Si una película con afán de ser históricamente correcta, retratara la antigua Grecia, con sus amos y sus esclavos, nadie pensaría que es esclavista. ¿Por qué alguien piensa algo así de Roma respecto al clasismo?

En más de una ocasión he escuchado «Roma es una película clasista». Según ellos, ¿por qué lo es? Es verdad que retrata una situación en la cual hay una clara distinción de clase y discriminación perpetrada por la sociedad, dentro de la cual todo ello parece tan normado e interiorizado, que a los ojos de los más sensibles de hoy podría escandalizar. Pero, ¿eso la hace clasista?

Si nos viéramos obligados a seguir el dictamen de quienes hacen tal critica, sería prácticamente imposible hacer una película que retratara los años 70, o cualquier otra época de la historia, sin faltar a la verdad. Imposible.

La pregunta se repite: ¿Por qué Roma sí, y la película de la antigua Grecia no?

Póster de la película Roma

Alguien decía algo como: «me hubiera gustado ver en la película a una mujer fuerte que enfrentara tal discriminación, o estuviera en un proceso de emancipación». A mi me parece perfecto que tengan una idea tan clara sobre lo que les gustaría ver. Pero, ¿por qué esta mal que no sea así? ¿Por qué estaría mal no seguir su deseo?

¿No será que en realidad el interlocutor desea imponer una visión sobre lo que deben ser las cosas? ¿Un deber ser que tiene que estar por encima, incluso, de la realidad presente o pasada?

Me hubiera gustado…

Claro que todos tenemos una idea más o menos clara de lo que sería deseable, y seguramente muchas personas coincidimos en varias de esas cosas. Otro asunto es mantener un deseo de que las expresiones de terceros deban ajustarse para manifestar tales inclinaciones estéticas, morales o éticas.

¿No les suena de algo? Sí, al puritanismo.

Neopuritanismo

El puritanismo lo asociamos a esa forma de pensar y conducirse tal, que el mundo es leído, siempre, bajo un fuerte filtro moral, asumiendo que tal lectura debe ser compartida por todos, exigiendo «conservar las formas», de manera que no trasgredan lo correcto y las buenas costumbres.

Es el puritano quien exige cubrir la escultura de un cuerpo desnudo, en pos de no fomentar ni invitar a la práctica de lo promiscuo o lascivo. Antepone sus valores y su lectura del mundo sobre la realidad de los cuerpos humanos, su estética, y las intenciones del artista. Que probablemente no tengan nada que ver con lo que él se imagina.

Es el puritano quien considera que hay expresiones artísticas que no deben ser, aunque tengan el simple propósito de retratar la realidad. Para él, la exaltación de los valores que defiende debería estar por encima de otras consideraciones.

Antaño, esa obsesión estaba dirigida al sexo y el erotismo. Ahora que los tiempos han cambiado se canaliza hacia valores diferentes, pero con la misma actitud de censura, critica e imposición moral. A esa vieja actitud, ensalzando nuevos valores, yo la llamo neopuritanismo

Como todo puritano, el neopuritano se cree poseedor de una moral elevada, que se encontraría por encima de la que posee la gente común. Con una visión aguda que atraviesa las épocas y se hunde en la misma naturaleza humana.

En realidad, y contrario a lo que cree, sus observaciones no sólo no cortan los siglos por la mitad, sino todo lo contrario, son excesivamente locales y propias del momento en que vive.

El arte, de forma casi inevitable, está destinado a ser transgresor de vez en cuando. Es consecuencia natural de ser la expresión de las visiones, sentimientos, percepciones y pensamientos de un sin fin de personas. Esos vaivenes interiores inevitablemente chocarán entre ellos y con los valores importantes para su sociedad en conjunto.

A veces, tan sólo la dibuja. Su propósito no es transmitir lo que tiene que ser, o en lo que se tiene que convertir la sociedad (¿según quién?). Si habla de la sociedad, a ésta la puede resaltar, mejorar, empeorar o pronosticar. En general, es lo que el artista quiere que sea. ¿De dónde sale el debería de…, de tantas personas?

Las cosas por sí mismas no son nada

Es tan obvio que no debería hacer falta decirlo: las cosas no son nada por sí mismas. Ni bellas, ni malas, ni feas, ni buenas. En todo caso podemos hablar de dos grandes vertientes: La intención con la que fueron hechas, y la lectura que dan de ella sus observadores.

La intención de Roma, según palabras de su creador, es muy clara: retratar tan fielmente como sea posible la época de su niñez, inspirado por las emociones que le provocan sus recuerdos y experiencias personales.

No hay razones serias para pensar que es motivada por el racismo o el clasismo. Así que éstos tienen que estar en la otra vertiente: los ojos de quien la mira.

Un espejo

Si un espejo se exhibiera en una sala de arte, ¿qué pensarías de la imagen que se vería en él? ¿Pensarías que es violenta, trágica, malvada, o por el contrario, que es esperanzadora, inspiradora y noble?

Roma es un espejo, que devuelve una imagen que en él se ha reflejado con casi 50 años de retraso. Las intenciones con las que se haya colocado ese espejo son irrelevantes. Ni siquiera el contexto del espejo importa tanto para lo que ves en él.

Para siempre, para todo, nunca es el espejo. Eres tú. Somos nosotros.

Roma (agua)

Javier

Maestro en Ciencias de la Computación (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Estudioso de la inteligencia artificial, ciencias cognitivas y temas afines.

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *