La biblioteca total

Crédito de imagen: Jaume Campos Lamas
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Esta entrada pertenece a la serie: Dejar atrás a los dioses

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací.

Jorge Luis Borges (La Biblioteca de Babel)

La Biblioteca de Babel es un relato de Jorge Luis Borges, donde narra la existencia de un hipotético universo compuesto por una inconmensurable cantidad de galerías hexagonales, cada una con veinte anaqueles repletos de libros, que en total alberga todas las obras y textos que pueden ser escritos. Esto es posible gracias a la manera en que dichos libros están construidos. Según nos cuenta en su relato «cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro». Solo utilizan veinticinco símbolos ortográficos, incluyendo el punto, la coma y el espacio.

Por lo que han podido deducir los habitantes de tan extraño lugar, los libros no son sino todas las permutaciones posibles de dichos símbolos. Esto significa que debe encontrarse escondido en la biblioteca un libro compuesto enteramente por hojas en blanco, es decir, donde todos los caracteres que lo componen son espacios. Otro similar, quizá lejos de ahí, que posea la letra «a» al inicio de la primera fila del primer renglón de la primera página, y nada más. También un libro por cada posición posible que puede tomar esa «a» a lo largo y ancho de las páginas. Lo mismo para cada letra, símbolo o combinación de estos.

La mayoría de los libros serán para nosotros, quizá, un galimatías de caracteres sin sentido. Pero existirá una no menos impresionante colección de libros con las combinaciones de caracteres que correspondan a textos con significado. Algunas de ellas serán todas las obras perdidas de Eurípides. Otras, todos los borradores que Eurípides rechazó.

Escondidos por ahí existirán libros con toda la historia del mundo, o mejor dicho, la historia de todos los mundos que existen, y hasta de los que no existen ni existirán. También habrá historias carentes de sentido. Habrá, sin duda, un conjunto de libros con las instrucciones precisas para construir una máquina del tiempo, si acaso es posible construir una. Otro incontable número de otros libros que ofrezcan dichas instrucciones de manera errónea.

Incluso este mismo texto debe existir como una de las tantas combinaciones posibles.

No hay que preocuparse por las obras que necesiten más de cuatrocientas diez páginas, siempre pueden ser divididas en tomos. Siempre habrá un libro que sea la continuación de una obra inconclusa.

Libros

Y aunque la biblioteca parezca infinita, no lo es, pues no es infinita la cantidad de permutaciones posibles de los símbolos tipográficos. Asumiendo que no se repite un solo libro, hay un límite perfectamente definido para el número de ellos que puede contener.1 Pero es tan descomunal que a todas luces resulta inconcebible para la mente humana. Aún cuando pudiéramos tener acceso a todos los libros, los mismos ofrecen diferentes lecturas según el orden o el idioma del que se trate. Resulta inquietante la idea de que el libro con la combinación de símbolos que para nosotros es El Quijote, sea una obra completamente diferente en un idioma todavía no inventado.

La historia y la historia de las historias, en todos los idiomas posibles y todos los ángulos posibles. Toda la verdad y toda la mentira, ahí, en la fastuosa estructura de la biblioteca de Babel.

No hace falta creer que existe un lugar semejante para darnos cuenta de que todos los ejemplares de la biblioteca de Babel viven expectantes en la punta de nuestros dedos. Existen de forma platónica en cada combinación de caracteres posible. Tenemos todos los símbolos (nuestro alfabeto), tan solo hace falta ordenarlos. Resulta extremadamente sencillo crear un programa que haga el volcado de una combinación de caracteres particular en una fracción de segundo. Deberíamos ser capaces de imprimir un libro con la historia del mundo, o un almanaque de aquí al año 6,000. Pero no podemos, porque no conocemos algo tan simple como el orden en que debemos colocar los símbolos. Cuando uno piensa detenidamente en esto no puede evitarse una sensación de estar tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos, de todo el conocimiento del mundo.

¿Cómo encontrar el libro deseado? ¿Cómo recorrer el gigantesco entramado de galerías hexagonales a la búsqueda del texto definitivo? A cada punto del espacio corresponde un libro. ¿En que punto se encuentra la combinación que deseamos encontrar?

Esto, que suena a fantasía, es un problema análogo a muchos otros que enfrenta el hombre y la naturaleza. ¿Imagina el lector cuáles pueden ser? ¿Qué solución le hemos dado a estos dilemas? ¿Dónde encontrar el «texto anhelado»? ¿Para qué sirve?

Esta entrada pertenece a la serie: Dejar atrás a los dioses
  1. Según las descripciones tenemos: 410 páginas x 40 renglones x 80 caracteres por renglón, igual a 1,312,000 caracteres por libro. Considerando 25 caracteres diferentes, las combinaciones posibles son exactamente 25 elevado a la 1,312,000 potencia. Que es aproximadamente 1.956×101,834,097 libros en total (sin considerar que todos esos libros se repiten, idénticos, con diferente título).

Javier

Maestro en Ciencias de la Computación (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Estudioso de la inteligencia artificial, ciencias cognitivas y temas afines.

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4 Respuestas

  1. Mauricio dice:

    Jojo… todos los libros, incluso «El Manual de la Biblioteca». Pero como son todos (todos) también está la versión falsa de ese manual, y entonces habría que buscar «El -Verdadero- Manual de la Biblioteca», pero pasa lo mismo y hay que buscar «El Verdadero Verdadero Manual de la Biblioteca»…

    Eso considerando que ya los ordenamos y tenemos la ficha de cada uno.

    • Javier dice:

      Así es. Todo lo verdadero (y todo lo falso) está ahí. Y, si la intuición no me falla, hay más formas de decir cosas falsas que verdaderas, por tanto, la biblioteca estará infestada de pura mentira, con pequeñas islas de verdad dispersas por ahí. 😛

  2. Mauricio dice:

    Entonces qué tal si nos encontramos «La guía última para la verdad» pero resulta que ese libro se interpreta con «La verdad, aquí y ahora» :P. El asunto es que la biblioteca es inconsistente y pos no podemos confiar. Incluso encontraremos «La guía para los que piensan que aquí hay pura mentira, la verdad revelada».

    Lo que trataba de decir es que la biblioteca suena bonita pero de todos modos no resolvería el problema de encontrar conocimiento (de lo que sea) 🙁

    Aunque me recordó eso de que en la expansión decimal de pi está la codificación en pixeles de todas las obras de arte.

  3. Gabriela Martinez dice:

    Hola Javier, para la teoría de la probabilidad tendrías que definir primero con qué criterio evaluarías como verdadero o falso algo y en eso no acabamos nunca (ni tampoco de buscar los libros), de hecho yo me dedico a ello (a determinar criterios de aceptación, no a buscar libros), perdón que me meta en su plática pero la considere divertida e interesante, Javier me encantaría tener contacto contigo tu perfil me resulta enigmático, soy una ingeniería con mucha gusto por la probabilidad y la estadísticas.
    Ya para terminar, en el estricto apego a lo romántico siempre he creído que tu no buscas a los libro si no que los libros te buscan a ti, creo que de esa manera encontré tu blog y siempre he gustado de interpretar los indescifrables azares como cuestiones deterministas.

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