Dios abstracto

Más nos vale que Dios no exista

Después de ver los males del mundo, al único que podemos apuntar como último responsable es a Dios.

Que ya sé que muchos dirán que el mal no es su culpa, porque esa es consecuencia del libre albedrío que nos ha otorgado, o bien, que tan sólo es la ausencia de Él, como la sombra es mera ausencia de luz. Pero, ¿quién habría configurado el Universo para que el mal fuera posible o pudieran existir semejantes ausencias en primer lugar? Este simple razonamiento es inevitable, y cualquiera que diga lo contrario se engaña así mismo.

¿Es Dios incapaz de configurar el Universo de manera que el mal no sea posible? Algunos replicarán: «es que sólo así, en el contraste entre el bien y el mal, se puede reconocer «lo correcto» y aprender de ello». Pero lo que no aciertan a comprender o discernir los que dicen esto, es que Dios tuvo que inventar el mal en primer lugar. Es inevitable. Él es el que tuvo que inventar ese orden de cosas donde el «mal» es necesario, porque Él quiso, básicamente.

Él es el que tuvo que inventar ese esquema donde se tiene que aprender, donde se empieza de alguna forma «vacío» y uno se tiene que llenar con «algo» aprendiendo, esencialmente porque su deseo así lo habría dictado.

Cualquier otra respuesta implicaría que hay algo encima de Dios sobre lo cual no tiene control, que lo haría perder instantáneamente su estatuto, que inevitablemente nos lleva a una contradicción.

Es pues Dios el culpable último de todo mal y toda desgracia. No necesita jalar el gatillo para causar dolor. Sólo lo tuvo que inventar. Lo tuvo que hacer posible.

Si sabes que un hijo tuyo va a matar si le das un arma, y a pesar de ello se la das, ¿no te hace a ti tan culpable como a él? ¿No es eso lo que Dios estaría haciendo todos los días sin descanso?

Esto no es ningún argumento en contra de la existencia de Dios, porque Él podría perfectamente existir. La existencia del mal no contradice a Dios. Solo indicaría que, sí Él existe, tendría que ser su causa.

Si esa existencia es cierta, sería la cosa más espeluznante, escalofriante y aterradora que te puedas imaginar. El mal no sería un accidente de nuestro cerebro y mente capaz de sentir el dolor y el sufrimiento por un mero proceso evolutivo, no. Tendría un propósito, alguien estaría detrás de él, y significaría que siendo evitable no se evitó. Significaría que el artífice de semejante barbarie tendría total y absoluto poder sobre ti, hasta los límites de todo lo creado.

Es en estos hechos y esta simple reflexión, que más nos valdría que Dios no existiera.

Javier
Javier

Maestro en Ciencias de la Computación (UNAM). Durante mucho tiempo interesado en la difusión del pensamiento crítico, la ciencia y el escepticismo. Estudioso de la inteligencia artificial, ciencias cognitivas y temas afines.

Artículos: 56

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *